Palabras para Sanar

La Conversación de la Generosidad

Por: Julieta Enríquez

Cuando hablamos de generosidad, el primer nombre que viene a mi mente es La Madre Teresa de Calcuta, hay tantas lecciones en la vida de esa gran mujer; ella fue un importante ejemplo de generosidad, entrega, humildad y liderazgo, uno de los personajes contemporáneos más influyentes y de quien tenemos mucho que aprender. Pero, en estos tiempos, ¿Con quién podría realizar una conversación para hablar de este tema?

Yo quería encontrar a alguien que impactara las vidas de los demás con actos de generosidad, y entonces surgió la idea de conocer en persona a “Las Patronas”, mujeres fuertes, valientes, comprometidas y nobles que llevan más de 20 años ayudando 24/7 a los inmigrantes que recorren el territorio trepados y escondidos arriba de La Bestia, un tren que cruza cargado de sueños por los que la gente arriesga absolutamente todo, hasta su vida.

Durante nuestra estancia de varias horas, conversé con algunos de los migrantes, sus relatos causaban tanto dolor como rabia y coraje, nos quejamos del trato que Estados Unidos da a nuestro inmigrantes y créanme, porque lo he visto varias veces, lo que sucede en nuestra frontera del sur son crímenes de guerra, los abusos, vejaciones, robos, violaciones y asesinatos son las constante; una familia que estaba ahí perdió a su pequeña hija de 3 años, pues los guardias que los bajan del tren para encarcelarlos parecen verdaderos animales en actos brutales, con las lágrimas en los ojos y voz cortada me contaban cómo metían la cabeza de la niña en un tanque de agua amenazando con ahogarla si no les entregaban todo el dinero que traían y sus pertenencias; ante la repetición de estas historias, los migrantes suelen viajar con el mínimo de dinero hasta llegar a la frontera para recogerlo en servicios de efectivo por envió, la familia no traía nada, así es que los animales ahogaron a la niña  frente a sus ojos; frustración, dolor y desesperación, ¿qué haces con una situación así?, ¿a quién le reclamas?

Mientras los escuchaba con asombro, afuera alguien gritó ya casi sin voz “Ayuda por favor”, eran tres hombres, un jovencito y dos que pasaban de sus 30 años, su piel estaba quemada por el sol, venían literalmente arrastrándose para llegar al albergue, ellos tenían casi dos meses caminando desde honduras para cruzar hacia la frontera, estaban decididos a no usar el tren para no enfrentar la muerte de esa forma, de inmediato los demás corrieron a la entrada para asistirlos y sentarlos en la sombra del patio donde esta la mesa del comedor, les dieron agua, les subieron los pies, sus zapatos estaban rotos, la suela ya no existía, sus plantas traían la carne viva y algunas infecciones en sus heridas, el dolor de la carne era notorio, pero la tristeza de sus ojos lo decía todo, no tenían voz para su narrativa, sus lágrimas y sollozos expresaban más dolor que cualquier palabra, pues cuando salieron de su país eran cuatro y solo ellos sabían por todo lo que habían pasado; cuando vez a un hombre fuerte llorar, doblado a mares como un niño pequeño, no puedes más que tratar de contenerte una explosión de emociones… ¿Tristeza, dolor, enojo, rabia, coraje?, ¿cómo puede haber tantos abusos? Te duele el alma cuando los escuchas… ¿Miedo?

¿En qué clase de humanidad nos estamos convirtiendo? Con tantas historias entendí que estaba en el mejor lugar para hablar de generosidad porque estas mujeres empezaron hace más de 20 años esta labor de ayudar, y en los primeros seis años, fueron ellas sólo como familia con arduo trabajo tratando de salvar vidas en esa travesía. A lo largo del día pude conversar una a una con las patronas hasta que al cierre de la tarde, antes de irme, llegó la que empezó esta historia: Bernarda Romero.

Bernarda, tú aventaste por primera vez una bolsa al tren, por favor cuéntame cómo fue: -Fue un domingo 4 de febrero del  95, a las 7:30 de la mañana, salí con mi hermana a comprar el desayuno, y al regresar hacia la casa, nos detuvimos ante el paso del tren, y mientras esperábamos para cruzar, la gente que iba arriba del primer vagón nos gritaban “tenemos hambre”, “ayúdanos”, “danos de tu pan” .Uno a uno escuchamos lo mismo en cada vagón que cruzó frente a nosotros, veía sus rostros y al final cuando estaba pasando el último vagón con la gente gritando, solo sentí las ganas de aventarles lo que yo traía, una bolsa de pan y una litro de leche; mi hermana al verme hizo lo mismo. Cuando llegamos a nuestra casa, mi madre nos preguntó ¿y el desayuno?, yo le expliqué que le habíamos dado nuestra comida a los migrantes que iban sobre el tren, así empezamos esta historia.

Todos estos actos de generosidad, ¿en quién te han transformado? – Bueno, a todas no solamente a mi, esto nos ha transformado, nos ha cambiado la vida; antes la vida cotidiana era solo el hogar, hacer lunches, dar de comer, limpiar, ver la televisión en la tarde, salir a platicar con los amigos, y ahora si cambio todo gracias a la labor de ayudar a nuestros hermanos de Centroamérica, también hemos conocido mucha gente, jamás imaginamos que iríamos a una universidad en Tamaulipas para hablar ante miles de jóvenes y el rector en un auditorio, al final del evento cuando nos tocó hablar a nosotros después de ver nuestro documental, la gente aplaudió y se puso de pie, también había personas mayores, otros en sillas de ruedas, algunos estaban mutilados además de miles de jóvenes, a mi se me hizo un nudo en la garganta y se me bajaron mis lagrimas mientras volteaba a todos lados veía lleno de gente y pensaba ¿quién soy yo?, ¿quién soy para estar aquí y que la gente me reciba de esta manera?

¿Y quién eres? – Qué pregunta tan difícil. Pues yo me reconozco como una mujer campesina, de trabajo, de hogar y labores de casa, yo creo en lo que Dios dijo: “Hay que darle de comer al hambriento, de beber al sediento, y vestir al desnudo” Y eso es lo que pienso.-

¿Y todo esto se trata de generosidad? – ¡Pues si! Todo lo que hemos hechos en más de 20 años ha sido un poquito difícil, en este comedor hemos llorado, nos hemos alegrado o estado tristes, nos ha pasado de todo con los migrantes, se han mutilado, se han enfermado, se han muerto, y nosotros sentimos muy feo por que son jóvenes llenos de ganas y de esperanza, algunos de ellos también son muy preparados y con carrera pero no hay trabajo en sus países, si hubiera trabajo y oportunidades la gente no migraría ni abandonaría a sus familias.-

La etimología de generosidad procede del latín “generositas” se trata de una virtud y puede asociarse a altruismo, desaprendido, caridad, dadivoso y filantropía.

La conversación de la generosidad es muy extensa y es una de mis favoritas, fue la segunda entrevista que realice cuando empecé a escribir este libro, la primera fue la de la felicidad ¡Por que todos queremos ser felices! Y la de la generosidad porque de verdad creo que ¡Todos deberíamos ser más generosos! Además de que la ciencia ha comprobado como la generosidad nos da mucha felicidad, nuestra bioquímica cerebral cambia, nuestras hormonas cambian, nuestros estados de animo, la actitud ante la vida y los resultados cambian cuando somos generosos, es más: ¿Te sientes mal? Deja de quejarte y sal a ayudar a alguien, verás que siempre hay alguien que necesita tu ayuda y servir nos hace muy felices, nos da confianza y una sensación de conexión y plenitud.

¡Pongan a prueba a la generosidad desde su corazón! Comprueben que la generosidad genera más generosidad. Es algo así como una de mis películas favoritas: “Pay it forward” (Cadena de favores), así que haz tu entrega diaria de la mejor manera y deja que la vida te sorprenda, que a fin de cuentas en esta vida todo lo que damos regresa multiplicado y si quieren empezar ahora mismo pueden contactar directamente a Las Patronas para apoyar su causa con donativos pues ahora más que nunca la situación esta muy complicada. Gracias por la generosidad de su tiempo para leernos, los espero con sus comentarios en mis redes sociales.