Crítica: VIVIR DEPRISA, AMAR DESPACIO


⭐️⭐️⭐️
Por: Mario E. Durán

A lo largo de nuestra vida tenemos una enorme necesidad por sentir amor. Tanto de forma propia como por alguien, ese es sin duda un sentimiento que nos cambia, el cual es elemental para poder conocer a fondo el grado de entrega que podemos tener. No todo en la vida es felicidad, y a lo largo de ella, iniciamos un camino de búsqueda que por momentos solo se queda en intentos fallidos, o puede que en él hallemos lo que tanto queríamos: sentirnos amados, correspondidos, protegidos. 

Experimentar nos invita a conocer, pero también debemos cuidar esa delgada línea que existe entre encariñarse efímeramente y amar verdaderamente, puesto que dos personas, prácticamente desconocidas, el destino las hace conocerse, unirse y descubrir si en realidad están hechas el uno para el otro; lo lamentable aquí es cuando alguna de esas partes no va por la misma señal, y eso donde entra el desamor y se rompe la ilusión, lo que nos lleva a permanecer en una nostalgia constante de la que el más sabio logra salir al tiempo en que descubre que de todo se aprende y que es bueno vivir con la esperanza, aunque esta no siempre se muestre favorable.

Jacques es un escritor que vive en París. Todavía no ha cumplido 40 años pero cree que lo mejor de la vida está por llegar. Arthur es un estudiante que vive en la Bretaña francesa. Lee, sonríe mucho y se niega a aceptar que hay algo imposible en la vida. Jacques y Arthur se gustan y viven como si estuvieran en un sueño romántico o en una historia triste. Ambos se encuentran en la esquina de un teatro, en un cine, y a partir de ahí viven una historia de amor, pero se da en un período complicado: los años 90. 

El amor es una de las experiencias más difíciles por las que puede pasar un ser humano, puede ser una enorme tragedia o puede ser la mejor vivencia, aquí existe el miedo, la angustia y el dolor, pero también existe la paciencia, el cariño y la comprensión, siempre la buena comunicación será pieza elemental para que todo funcione, pero de ello depende también el interior, ese que nos permitirá mostrarnos tal cual somos para ser libros abiertos a la felicidad, dejando de lado el camino fácil y libertino para entender que ese compañero puede estar ahí afuera, esperando a ser encontrado.

“Vivir deprisa, amar despacio” es un drama romántico en todo el sentido de la palabra, el cual está dirigido por el cineasta francés Christophe Honoré y que pronto verá la luz en las carteleras mexicanas, donde tenemos un ir y venir de deseo, amor y pasión por parte de un protagonista que de cierta manera se encuentra descompuesto, siente una necesidad que no logra de todo aterrizar y comete una serie de errores al no definir en totalidad lo que busca y espera. Interpretado por un excelente Vincent Lacoste, viene a juego con una serie de chicos que forman parte de su pasado, de quienes no se puede desprender y a quienes frecuenta de vez en cuando por la necesidad de sentirse acompañado, los sigue queriendo; pero aparece Arthur, interpretado por Pierre Deladonchamps, un chico que de llevar una vida desenfrenada, asume la responsabilidad de poner un alto a ciertas cosas al tiempo de sentir amor.

Con alguna serie de clichés que por lo regular predominan dentro de las cintas de temática gay (el gusto por la música de ópera y el drama desmedido), la película fluye bien gracias a las situaciones que en ella se viven, por lo que las cerca de dos horas y media no se sienten cansadas y nos invitan a la reflexión; encontramos lágrimas, pero también tenemos alegría; pasamos por el dolor, pero existe una luz al final del corazón; tenemos una obra emotiva, conmovedora y vibrante con excelentes actuaciones por la profundidad con la que sentimos la historia tan personal, con detalles cómicos que nos hacen dibujar una sonrisa pícara al tiempo en que estos personajes se conocen, porque aquí, todos necesitamos amar y ser amados.

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