Crítica: LA NOCHE DE LAS NERDS


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Por: Mario E. Durán/Cinéfilos¿Qué tanto te divertiste durante el tiempo que fuiste estudiante de bachillerato?… En las aulas siempre se encuentran diversos jóvenes con personalidades estereotipadas por la sociedad: Los populares, deportistas, irresponsables, los extraños y los nerds; sean hombres o mujeres siempre destacan por alguna de estas “cualidades”, pero son sin duda los denominados “cerebritos” quienes utilizan su tiempo para estudiar, cumplir con sus tareas y tratar de sacar las mejores notas para el día de mañana ingresar a la mejor universidad y ser el orgullo de sus padres, dejando de lado las fiestas desenfrenadas de sus compañeros, aquellas en las que predomina la diversión, el sexo, el alcohol y las drogas. 

Pero, ¿qué ocurre cuando estos personajes intelectuales descubren que no precisamente deben “matarse” para lograr sus metas y que es bueno, de vez en cuando, relajarse y vivir? Eso es lo que nos muestra la actriz Olivia Wilde, quien debuta en dirección con “La noche de las nerds” (cuyo título en inglés es “Booksmart”), cinta protagonizada por unas excelentes Beanie Feldstein y Kaitlyn Dever, ambas chicas llenas de adrenalina y corazón, logrando una de las mejores químicas que podemos encontrar en cuanto a amistad juvenil se refiere.

Similar a lo que podría representar películas como “Ya no puedo esperar” de los 90´s y “Súper Cool” del 2000, aquí tenemos algo distinto, y es la forma en la que la historia de Amy y Molly se va desarrollando sin necesidad de caer en totales clichés del género, quienes son dos divertidas adolescentes de 18 años que pronto se graduarán y se irán a una de las prestigiosas universidades de la Ivy League. Ambas pasaron la escuela preparatoria enfocándose exclusivamente en lo académico, nunca rompieron ninguna regla y dejaron poco espacio para las tonterías de los adolescentes. En un esfuerzo por dejar las cosas claras antes de irse a la universidad, Molly, que está arrepentida de trabajar tanto y de haber dejado los juegos de lado, convence a Amy de asistir a una fiesta de último día de clases para intentar meter cuatro años de diversión en una sola noche, esto después de escuchar la opinión de sus compañeros hacia ellas y de saber que estos, irresponsables, lograron ingresar a buenas universidades sin tanto esfuerzo; claro, aquí el detalle es que estas inexpertas amigas entran en una serie de eventos caóticos.

Pensaríamos que es la típica cinta grotesca como las que nos tienen acostumbrados, pero no, pese a tener varias secuencias locas que a veces nos sacan de onda (viajes muy fumados), es la energía que las protagonistas inyectan lo que nos hace disfrutarla de principio a fin, pasando por vivencias desenfrenadas en el que el poder de la amistad supera todos los obstáculos, en el que sincerarse puede ser la mejor receta para fortalecer la unión entre dos chicas que se quieren y aceptan por como son (una de ellas es lesbiana y la otra, por su físico, duda en ciertas cuestiones), que aprenden juntas del amor, del apoyo y de saber que siempre podrán vivir de la forma en que ellas quieran, compartiendo así crédito con Billie Lourd, Skyler Gisondo (con personajes algo estrafalarios y extraños), además de un cast juvenil que sabe divertirse a gran cantidad, teniendo de fondo varias piezas musicales que se amoldan bien para la historia, donde tenemos situaciones que les permiten valorar hasta las últimas consecuencias. 

Esta es una comedia adolescente de ritmo frenético con un reparto agradable y que merece reconocimiento por el humor y la energía que en ningún momento decae, además de ser inteligente en cuanto a guión por sus diálogos ingeniosos y una banda sonora bailable, con lo cual la directora hace un excelente debut.
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