Crítica: HABÍA UNA VEZ… EN HOLLYWOOD

⭐️⭐️⭐️
Por: Mario E. Durán/Cinéfilos

Quentin Tarantino tiene un estilo muy particular que lo ha diferenciado con el paso de los años; como bien puede manejarnos una violencia explicita en alta potencia, como puede darnos personajes memorables que se convirtieron en parte importante de referencia dentro del celuloide. Si bien su público le tiene un cariño muy especial, debemos dejar algo en claro con “Érase una vez… en Hollywood”, ya que sea lo que sea que estén esperando, al menos por cómo nos fuimos con la finta por los previos que pudimos ver, eso será algo que no podremos encontrar en este noveno trabajo del creador, el cual nos da una de sus historias más largas y pausadas que al tiempo de una hora ya sentimos pesadez ante lo tenue de su guión, en el que nos queda algo totalmente claro: es una película sólo para fans, ya que aquí se cuidaron totalmente los detalles de ambientación, que son excelentes, además del exquisito soundtrack y se bañó de nostalgia por el recuerdo de esos tiempos del ayer que fueron la joya de un tiempo que jamás podrá regresar, pero la trama no es su fuerte.

Ambientada en Los Ángeles, en el turbulento verano de 1969, la cinta gira alrededor de Rick Dalton, una antigua estrella de westerns televisivos. Dalton, junto a su doble de acción de toda la vida, Cliff Booth, lucha por hacerse un hueco en un Hollywood que ambos ya no parecen reconocer. Pero Dalton tiene una vecina muy especial, Sharon Tate y ante la sed de asesinato de unos seguidores del culto de Charles Manson, servirá como telón de fondo de esta cinta que cuenta con las actuaciones de Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Emile Hirsch, Margaret Qualley, Al Pacino, Kurt Russell, Bruce Dern, Timothy Olyphant, Dakota Fanning, Damian Lewis, Luke Perry, Lorenza Izzo, Michael Madsen, Zoe Bell, Clifton Collins Jr., Scoot McNairy, Damon Herriman, Nicholas Hammond, Keith Jefferson, Spencer Garrett, Mike Moh, Clu Gulager, Martin Kove, James Remar, Lena Dunham, Austin Butler, Leslie Bega, Maya Hawke, Brenda Vaccaro, Penelope Kapudija, Rumer Willis, Dreama Walker, Madisen Beaty, Sydney Sweeney, Costa Ronin y Julia Butters, cast que sin duda es impresionante y resulta la carta de presentación de un trabajo que tiene corazón, pero carece de entretenimiento.

Pese a que mucho se dijo que este trabajo era la obra maestra del director, es apropiado decir que no lo es, no porque no valga la pena, sino porque se enfocó en presentar un gusto íntimo, que lo hace ver como un creador de excelencia con el deseo de hacer un homenaje a esa época dorada en la que todo eran luces, elegancia y éxito, bañado con un toque de depresión interna que se ve reflejada en su protagonista DiCaprio, aquel a quien le llega ese momento al que todos los actores consagrados temen: el día del declive debido a su edad, porque todos pasamos o pasaremos por ese momento en que sintamos que ya no somos necesarios y que siempre, detrás de nosotros, vendrán esas nuevas generaciones sedientas de aprender y demostrar que pueden con todo, así tal cual nosotros lo hicimos.

Sí aplaudo la química que este tiene con Pitt (de quien logra sacar su lado más cómico), ambos se entienden muy bien en sus roles, uno como estrella y el otro como su sombra, que por años ha estado a su lado para ayudarlo en los momentos más difíciles de la vida (el exceso de alcohol, los accidentes y las imprudencias de un actor que toma malas decisiones).

Con vestuarios impecables, peinados alucinantes, sets que llenan de nostalgia y colorido, en donde el carisma de los protagonistas llena la pantalla en una cinta de 161 minutos meramente innecesarios, ya que si hablamos de adrenalina (violencia típica de Tarantino) ésta solo llega pasadas las dos horas y tiene una duración tan corta que es insuficiente, a la cual se le suma ese humor negro ante la degradación; pero lo que resulta decepcionante es que la famosa “matanza” (no de la forma que pensamos), se siente forzada y tan fuera de la historia que no le funciona del todo el suspenso que se le quiere inyectar donde no lo hay, ya que sentimos que es una especie de biografía enorme de un actor que a veces se ríe de sí mismo, en donde algunas piezas no se encuentran bien embonadas y algunas son totalmente desperdiciadas (como lo es la actuación de Margot Robbie), luce impecable, pero vaya, no tiene grandes diálogos; pero eso sí, tenemos buenas escenas y bien logradas como el dialogo entre el protagonista y una pequeña niña actriz que forma parte del nuevo set de filmación en el que se encuentra.

Técnicamente la película es poderosa, pero es de esas que no vuelves a ver nunca más, ni aun así con su carismática escena post créditos, por lo que esto, lamentablemente, se encuentra por debajo de aquello a lo que el maestro nos tenía acostumbrados… Es una dulzura visual que carece de encanto en cuanto a su historia.

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