En la opinión de… María del Carmen Delfín

Su origen etimológico proviene del latín deportare y significa deportar o sacar algo; para los romanos esta forma verbal tenía dos significados, por un lado el de transportar y por otro...

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DEPORTE EN EL BOLSILLO

Primera de dos partes

Su origen etimológico proviene del latín deportare y significa deportar o sacar algo; para los romanos esta forma verbal tenía dos significados, por un lado el de transportar y por otro, aludía a las festividades que se celebraban en honor a Júpiter llamadas Deportae Lauream , donde los generales portaban una corona de laurel.
Deportare fue evolucionando y se utilizaba como sinónimo de sacar, llevar fuera, salir al campo, salir y respirar aire fresco, salir y hacer ejercicio. Este último concepto se asemeja a la palabra que hoy conocemos y es la finalidad del deporte. La primera referencia a esta palabra se encuentra en el provenzal (dialecto de la antigua provincia de Provenza en Francia) y de ella pasa a otras lenguas romances como el francés o el castellano.
La práctica del deporte puede darse por salud, por distracción, por obligación y como una profesión. Como fenómeno social y cultural cumple varias funciones: como vínculo de identidad ya que desde un pequeño club hasta las selecciones nacionales provocan entre los ciudadanos una identidad local, nacional, deportiva, de comunidad, etcétera. Además con acción unificadora pues al practicarse u observar alguna actividad deportiva se rompen barreras de edad, condición social y sexo pues contribuye a interrelacionarse con otras personas o grupos afines.
Con una función catártica ya que gran parte de la población que asiste a disfrutar de un encuentro se desfoga y libera tensiones, grita, se emociona y se desinhibe.
Como distractor de los problemas sociales y políticos para conveniencia de ciertos grupos de poder pues cuando hay un acontecimiento que afecte o requiera la intervención pública, se desvía la atención popular con un evento deportivo de relevancia para enmascarar la situación. Tiene el poder de mover grandes masas, activa medios de difusión, influye en las preferencias personales manipulando la concepción del entorno y crea en el aficionado cierta enajenación al hacerlo sentir prioritario ante cualquier otra actividad personal.
El deporte ha cobrado gran importancia desde los años cincuenta del siglo pasado a la fecha, lo vemos en la cantidad de medios de difusión e información que se ocupan de este terreno como periódicos, revistas especializadas, programas deportivos en radio y televisión, secciones en los noticiarios y páginas de internet. Pero su popularidad y difusión está en función de su rentabilidad pues se le ve más como una empresa del espectáculo que como un medio para procurar la salud y la sana convivencia.
La verdadera magnitud social del deporte se refleja en la cantidad de personas relacionadas con alguna arista de la actividad deportiva, ya sea como practicante o aficionado; las tiendas dedicadas a vender artículos de este tipo proveen de una gran cantidad de ropa, zapatos y accesorios con marcas de moda y dibujos o logotipos de los equipos favoritos que atraen la atención de sus seguidores, los cuales se convierten en consumidores cautivos.
No solamente genera ganancias a pequeña escala, es una mina de oro para los organismos encargados de la organización y la difusión de cualquier evento deportivo, empezando por los dueños de los equipos “profesionales” de futbol, béisbol y basquetbol por citar algunos, así como los torneos de tenis, billar y golf que dejan grandes cantidades de dinero a quienes organizan, difunden y los practican.

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