Seguramente yo ya no le veré ¡Gracias a Díos!

Como estaba un tanto brumoso al principio solo se podía ver la silueta del precioso volcán “Pico de Orizaba”

Ayer, por motivos de carácter personal fui a Coatepec y tomé la desviación casi entrando a Xalapa, para evitar el muy pesado tráfico que se hace en el trayecto vía la zona universitaria. Bueno, pues ahí tienen que me voy por esa angosta pero un tanto cómoda vía y tuve la oportunidad de ver unas vistas todavía un tanto de tarjeta postal, como sucedió hace como 40 años que habiendo estado estudiando en Xalapa me aventé algunas escapadas al entonces bucólico Coatepec (hoy es un margallate de tráfico infernal y eso que aún no hay regreso a clases). Con la diferencia que hoy, esa carretera luce un sinfín de bardas que impiden ver en su totalidad la campiña y además, muestra de que se han urbanizado muchas zonas que antes eran puro bosque o cafetales. Por cierto, hay bastantes sitios ya con infraestructura de esos modernos condominios horizontales, todos totalmente bardeados. Pero, lo poco y muy bueno queda a la vista, todavía es placentero y por demás disfrutable. Como estaba un tanto brumoso al principio solo se podía ver la silueta del precioso volcán “Pico de Orizaba”, pero, en cuanto más me acercaba a la otrora ciudad cafetalera, logré ver con espanto que el Citlaltépetl (cerro de la estrella en náhuatl), su otrora cima de nieves eternas se mira con bastantes huecos y muy grandes de pura piedra, o sea ¡Está perdiendo albo velo y sus glaciares que tan benéficos son no solo al entorno sino a gran parte del nuestro Estado.

¡CUÁNTO LO LAMENTEO!
Por eso, el título de esta calumnia, enuncia sin duda alguna un consuelo bastante tonto, pero, como no hay nada que uno pueda hacer para evitar el cambio climático, pues pareciera a la enorme mayoría poco le importa intentar revertirlo pues creen que nada va a pasar, me aterra el llegar a ver al Pico de Orizaba como se mira ahora al Popocatépetl, y saber que ríos, como el de Jamapa, de donde nos viene una buena parte del agua potable a la zona conurbada de Veracruz, pueda verse afectado al desaparecer el glaciar de donde se alimenta en el volcán en cuestión cuyo nombre es precisamente “Jamapa” (según esto, en náhuatl significa: “En el río de los adobes”). Eso sin cuestión a dudas sería algo terrible, toda una calamidad. O sea ¡El destino nos ha alcanzado!

EL DERRIBO DE ÁRBOLES EN SU MÁS ESPLENDOROSA MANIFESTACIÓN
Pero miren, al retorno, me dio por ir a visitar el camino a la Orduña, y cuál fue mi sorpresa al ver que el otrora idílico paseo que comunicaba con este sitio o no lo encontré por el alto urbanismo que ya se ha desarrollado ahí o de plano talaron aquellos inmensos árboles cuyas frondosas ramas llegaban hasta el suelo y daban todo un aspecto de encontrarse uno dentro de una pintura. Eso sí, logre ver una gran fábrica a donde a escasa distancia se miraba grandes pedazos de troncos talados de un añoso árbol que se veía había sido de majestuosa estampa, pero, dejado al descuido no pudo durar más. Pues el centro de dicho tronco se veía un poco hueco, pero, con el debido tratamiento se podría haber salvado, pero, lamentablemente se necesita eliminar la fronda para poder vender predios y ¡Construir!

TERRIBLE EL PANORAMA PARA LAS NUEVAS Y FUTURAS GENERACIONES
Como podrán ver, no tenemos remedio los seres humanos, pues en todo el globo terráqueo es la misma historia, se privilegia la expansión urbana y el “modernismo” en detrimento de bosques y selvas y en ello se nos va la vida a toda la especie humana y a gran parte de la creación. De ahí entonces mi decir que “gracias a Dios yo ya no veré el terrible final”. Hoy, aunque sea con agua abundantemente contaminada por todo tipo de detritus, pude aun ver a los otrora arroyos de agua cristalina y pura.
Por lo pronto, en Coatepec (y en todo el camino) hacía un calor de los mil diablos. Pero, ahí la llevamos, golpe a golpe derribando árboles y contaminando cada vez más…

http://losbuenosdias.blogspot.com
correo: [email protected]

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.