¡Se han vuelto a reunir mentor y discípulo!

Saludé al entonces Obispo, Sergio Obeso Rivera (QEPD)...

Hace ya algún tiempo, con motivo de un evento en Xalapa, donde saludé al entonces Obispo, Sergio Obeso Rivera (QEPD), pude platicar con él un rato y en esa charla constaté las prendas intelectuales y humanistas que de él había escuchado; su inteligencia y sencillez eran manifiestas y evidentes, lejos de toda gravedad o protocolo eclesial. Me cayó muy bien el señor obispo; entonces, como de alguna manera tuve el presentimiento él sabía de mis reticencias hacia la Iglesia Católica y a forma de mostrarle que no era todavía un iconoclasta inveterado, le platiqué de mi gran amistad con el Padre Arturo López Islas, a lo que él me dijo había sido mentor del Padre en el seminario de Xalapa, comunicándome que él le apodaba “Arturo El Bimbo” ¡Que me duras calentura, en “llegandito” a Veracruz me fui raudo y veloz a comunicarle a mi cuate, confesor y guía espiritual lo que me había dicho el Obispo, Sergio Obeso.

Esto con la sana intención de botanear el señor cura, pero, él comenzó a reír de inmediato, no dando lugar a ningún tipo de “goce social”, al contrario le dio mucho gusto saber que el obispo se acordaba tan bien de él, que me contó algunas anécdotas de su maestro, todas incuestionablemente relacionadas con el gran corazón y espíritu de servicio de Don Sergio Obeso Rivera. El padre me dijo: “Si vuelves a encontrarte con mi maestro, le das mis más afectuosos saludos”. Y llegó el momento en que volví a encontrarme con el señor Monseñor Obeso y le transmití los saludos del Padre, él volvió a reír de muy buena gana y me dijo en lo que nos dábamos la mano para despedirnos: “Dile a Arturo que ya se porte bien”. A lo que yo, riendo, le pregunté: “Señor Obispo ¿Le sabe usted algo al Padre Arturo o lo está usted diciendo al tanteo?”. Y el obispo, solo volvió a reír un tanto divertido, era una risa muy grata al oído, y sin decírselo, me acordé de una cita en una de las biografías que he leído del Papa Juan XXIII: “Su sola sonrisa ya era una bendición”. Eso fue para mí esa risa espontánea y franca del señor Obispo Obeso.

¡SALÍ EN FUGA EN POS DEL PADRE!
De igual forma, nada más llegando a Veracruz fui de “Pancha Gutiérrez” a referirle a mi cuate y confesor el recado del señor Obispo de Xalapa. Riendo de muy buena gana el padre. Yo le agregué: “Oiga Padre, entonces el señor Obispo lo conoce a usted muy bien o de plano él fue en alguna ocasión víctima de su humor e ironía”. El buen padre Arturo solo prolongó más la risa. Supe que le había dado mucho gusto saber que era recordado muy bien por su maestro.

¡CUANTA FALTA HACEN AHORA GUÍAS ESPIRITUALES DE ESTE CALIBRE!
Pues lamentablemente monseñor se ha ido a la casa del Creador. Y digo lamentablemente porque sin duda alguna que sacerdotes y guías espirituales de la calidad de él y el padre Arturo son los que hacen falta en estos momentos de tanta oscuridad, confusión, consumismo y materialismo en que está sumida la humanidad ¿A poco no? Pues miren que por más que volteo yo para todos lados, no doy con un buen guía espiritual, que no solo de consejo, sino también el gran ejemplo, tal y como fueran el alumno y el maestro aquí mencionados.

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