Mundo extravagante: Los Amish

En el siglo XXI, vivimos inundados de tecnología, para desplazarnos, trabajar o comunicarnos, sin embargo, tales lujos no han llegado a todos los rincones del mundo, sorpresivamente, existen comunidades que están al tanto de la vanguardia, pero eligen la austeridad, uno de éstos pueblos son los amish, también llamados “Menonitas”, por eso, les dedicaremos un espacio aquí en El Dictamen.

Hace más de quinientos años, un grupo de católicos en Europa pensaba que el bautismo en niños era inválido, que tal sacramento debía impartir en adultos, razón por la que ésta corriente se denominó “anabaptista” (Que significa “Bautizar de nuevo”), pero no se trataba de una simple diferencia ideológica, sino que tal acto era punible con la muerte desde la era del emperador Justiniano I de Roma oriental.

Esto produjo que la corriente se dividiera en 4 grupos quienes defendieron el bautismo de adultos, de aquí se derivaría el grupo de los “Menonitas” razón por la que hay algunas similitudes… Mientras unos buscaban enfrentamientos armados, los Amish eligieron la paz.

Con tiempo, los descendientes de suizos y alemanes viajarían a todos los países del mundo, aunque su bastión se encuentra en Estados Unidos, cada agrupación domina el idioma del país en el que viven, pero todos comparten un perfecto deitsch, que es un dialecto alemán con el que se comunicaban desde su fundación. Sin embargo, lentamente se apersonó la tecnología en la vida de ésta comunidad donde apenas un tercio de ellos se rehúsaron al mundo moderno.

Hoy, los asentados de la “Vieja Orden” se agrupan a 50 kilómetros de cualquier generador eléctrico, iluminan sus hogares con velas y quinqués, estacionan sus carrozas jaladas por caballos en los estacionamientos de los centros comerciales y lo más atrevido que llegan a realizar, incluso colectivamente, es ir al cine, donde tienen prohibidos todos los géneros salvo un cine específico llamado “Amish” que narra historias románticas por jóvenes de éste pueblo.

En 2017, había un total de 318 mil practicantes de ésta religión, la mayoría no es tan extremista: viven en ciudades, usan redes sociales encima, algunos ni siquiera saben de la existencia del deitsch.