El libro que cambia la vida

"Aprovechandito” explicó...

El domingo pasado les transcribí un chiste de los varios que ustedes los amables lectores me remiten vía Internet (y con lo cual elaboro la “calumnia” de los domingos) sobre “¿Por qué no contestó esto aquel que te conté?” (“aprovechandito” explicó a un amable lector que me pidió le dijera a quien me refería con “aquel que te conté”, comienzo por decirles se trata de aquel muy revelador encuentro de prensa en la Iberoamericana, en la C. de México con el entonces candidato a la Presidencia, Enrique Peña Nieto, quien hizo el oso del mundo al no saber responder como correspondía a un candidato a la Presidencia, a la pregunta sobre los tres libros que más influyeron en su vida. La pobre criatura no supo la “o” por lo redondo, ergo ¡NO había leído nada!). El chistorete de referencia era respecto a este personaje y el libro en cuestión del cuento se refería al “libro” que en forma por demás efectiva le cambia la vida a la gente y es el del Registro Civil, o sea, aquel en el que quedan asentadas las actas de los hechos más relevantes de nuestra vida: el de las actas de nacimiento y ¡El de matrimonios!, quedando el de divorcios y el último y final, el de defunciones. Pero, sin duda alguna el chiste se refería al de matrimonio.

EL MATRIMONIO, Y MÁS EN EL PRESENTE ¡ES MÁS QUE UNA TRAGEDIA GRIEGA!
Pues con esa se le cambia a la gente hasta la forma de andar ¿A poco no? Lo más risible del asunto (si es que se toma tal situación con toda la filosofía del mundo y el correspondiente humor negro), es que incluso ¡En nuestros días!, hay gente que se atreve a opinar favorablemente del matrimonio. Cuando que por lo regular, salvo muy contadas excepciones, en este “contrato sui géneris” todo termina en divorcio con un ambiente comparable a la anécdota del “El rosario de Amozoc” o sea, a punta de fregadazos. Y todo lo que fueran promesas de amor eterno aderezadas con miel y rosas, se troca en polvo vil o si no en un aburrimiento de la trompada.

SOBREVIVIÓ LA FAMILIA GRACIAS A QUE LAS MUJERES LLEVABAN TODA LA CARGA
Y miren, matrimonios “ejemplares” los que tuvieron nuestros padres y abuelos (que conste yo ya cuento con 65 años por el güiro, o sea, tanto para las generaciones de las que hablo, como para mi ¡Ya llovió!) y eso porque las mujeres de ese entonces llevaron TODA la carga del relajo ese llamado matrimonio. Pues el varón podía andar a todo palio poniendo el cuerno cuando quisiera y las esposas debían mantenerse en estoica fidelidad, porque: “Mientras no te falte nada en casa, lo que suceda de la puerta de tu casa para afuera ¡No debe de preocuparte!” ¿Se acuerdan que así se consolaban entre ellas cuando se enteraban las amigas o parientas de que el marido de fulana ya traía un nuevo “segundo frente”?

LA LIBERACIÓN FEMENINA NO ESTUVO MAL, PERO, COMO QUE PERDIÓ RUMBO
Por lo que ahora, en el presente, con todo lo desarrollado por la mujer en la no muy bien dirigida “liberación” (digo “no muy bien dirigida”, porque… la mujer, sí, debe estar a la par con el hombre en materia de derechos, pero jamás debió tratar de ser como él, porque en tal acción perdió mucho del encanto de la feminidad, lo que las hace tan particulares, enigmáticas y ¡Guapas!). En muy buena proporción las cornadas en el presente andan a la orden del día por parte y parte. Lo cual no es en lo absoluto criticable, pues si de fidelidad se trata, debe ser de ambos y si no, se aplica la máxima de: “El que se ríe se lleva” o “Lo que es bueno para uno, lo es para los dos” ¿O no?

LOS PRIMATES SON TREMENDAMENTE PROMISCUOS
Porque además, el ser humano como buen integrante de la orden de los mamíferos denominada primates, incuestionablemente es promiscuo. Y que por cuestiones culturales se trate de evitar tal situación, y…, bueno… se vale el intento de tal intención. Pero, para bien o para mal, en los hechos prevalece aquello de: “El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”.

“EL AMOR ETERNO SOLO DURA TRES MESES”: GROUCHO MARX
Peor aún ahora en estos tiempos de una absoluta “relajación de las costumbres”. Por lo que da risa luego escuchar a algunos amigos hacer la apología del matrimonio, como si se tratara en realidad del “Estado perfecto del hombre” (o de la mujer), cuando que tal contrato, nacido entre cúmulos de promesas plausibles y benigna voluntad ¡Sobre todo de amor eterno!, en los hechos es un vía crucis para ambos cónyuges. Y, como me dijera una viejita sabia en una ocasión: “Wily, debes saber que para que un matrimonio funcione bien, siempre debe de haber un pendejo o una pendeja, porque en esa cuestión de dos, no es posible de que existan dos abusados, porque ¡Alguien debe cargar con todo lo que salga mal!”. Sabia y profunda sentencia filosófica, cuanto verdad irrefutable, elevada a categoría de axioma a la que debería agregársele: “Esta es palabra de Dios”.
¿Moraleja de esta “calumnia”?: ¡Aguas con el libro del Registro Civil!.

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