Palabras para Sanar

La Conversación de La Indignación

Por: Julieta Enriquez

¡Porque ya me canse de ver llorar a tanta gente!… Fue la declaración que irrumpió una reunión cuando, exaltado y en voz alta, respondió con todo su ser a la pregunta: ¿Cuál es el fin de todo lo que estás haciendo?

Su corporalidad asomó la indignación de ver una y otra vez que las injusticias se repiten en este país, Emilio Álvarez Icaza es un destacado sociólogo, catedrático, escritor, aferrado defensor de los derechos humanos, cofundador y colaborador de organizaciones civiles como CENCOS, Alianza cívica, el movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y por supuesto: AHORA iniciativa colectiva ciudadana para recuperar las instituciones democráticas; actualmente es Senador de la República y tiene muy claro por qué mantiene un gran compromiso con la transformación de México cuando me dice: “No es que no tenga miedo, no es que no haya amenazas, pero eso no me va a detener, es más grande el sueño de lo que quiero que pase, que quedarme nada más viendo, para mi es más fuerte la indignación que se transforma en acción que el temor de sentarme a ver como se descomponen las cosas y no hacer nada”.

Emilio, tu que has acompañado a tantas víctimas de diversas injusticias en este país, a mí me intriga mucho por ejemplo el caso de los 43 ¿Qué conversación hay en estas familias para tener esperanza?, ¿cómo se vive con eso?, y ese es un caso público, pero hay muchos en este país, tu que has estado en la sensibilidad de muchos de estos casos.

¿Cómo es esa conversación? – Esta conversación es un proceso transformador e iluminador, es muy doloroso; viajé con Javier Sicilia a lo largo y ancho del país, encontramos gente destruida, desolada, despedazada, una señora que le habían desaparecido a 4 hijos, a otras sus hijas, o esposos, es muy triste, pero de repente esas personas encontraron que no eran las únicas, empezaron a compartir su dolor en la búsqueda de alimentar su esperanza y así de víctimas se convirtieron en luchadoras, tal vez ya no pueden cambiar lo que les paso pero no querían que alguien más pasara por lo que ellos pasaron, que no sufran y que eso no se repita, pasaron de ser un caso a ser una causa, de la posición pasiva de ser víctimas, pasaron a ser defensores y promotores, constructores de esperanza para inspirar, yo mismo me he preguntado ante el dolor, ¿qué haría si le pasará algo así a mi familia?

La gente que lloraba sus pérdidas en su casa, cuando se atrevió a llorar en público encontró solidaridad, encontró en donde compartir su dolor y eso es lo maravilloso de la construcción de la palabra, que nos encontramos, nos entendemos, a partir de platicarlo compartimos y encontramos alivio a nuestro corazón, incluso puede ser terapéutico, conocí el caso de una mujer que se murió de tristeza ante la desaparición de su hijo, se encerró a llorar en su casa sin que nadie la acompañara y es que es tal el dolor que la gente está dispuesta a dejar todo, trabajo, familia, todo para salir a buscar a sus desaparecidos, en estos momentos tan fuertes se requiere de una dinámica de acompañamiento, siempre, cargar algo entre varios por pesado que sea va ser más fácil, mi padre me decía ante las injusticias: “Podrán pegarte pero no permitas que te aplasten.” Y yo estoy convencido de que vale más apostar en el amor y la alegría que en los miedos, la gente es más similar a nosotros de lo que creemos Necesitamos tener más tiempo para abrazarnos que para pelearnos.-

Conversar con Emilio siempre es un deleite de profunda reflexión para inspirarnos y ponernos en acción, yo me quedo con la reflexión: Si la indignación es la irritación con enojo, recordemos que la función del enojo como emoción es movernos a poner límites, a declarar un ¡Basta! Entonces ¿Por qué las cosas no cambian? Quejarse y criticar no aporta ni construye, ¿será que en lugar de indignarnos ante lo que vemos hemos preferido ignorar? Ignorar a los niños de la calle, a los jóvenes arrastrados a la adicción, a los ancianos abandonados, a la explotación sexual, a los que han sido abusados, burlados, robados, atropellados en las más diversas formas, privados de sus derechos humanos,  ignoramos la contaminación y destrucción del planeta, la corrupción de las instituciones y el maltrato animal. ¿En qué momento preferimos anestesiarnos de la realidad?

¿Y si un día, todos decidiéramos actuar, hablar, apoyar, proponer, reparar, mejorar quejarnos menos y resolver más? ¡No te calles!, porque si callamos todo esto no va a acabar nunca, pasemos de la indignación a la acción, sumemos más iniciativas proactivas e incluyentes, reconozcamos a todos estos valientes que alzan la voz en un país donde decir la verdad te puede matar ¿Y qué pasa si cada día la alzamos más? Si nuestra conversación se hace más honesta, más congruente, más incluyente, Disruptiva, valiente ¡Más fuerte! Hay tanto por hacer que más nos vale empezar ya.  ¿Te quieres sumar o nos vas a ignorar? Espero tus comentarios en mis redes sociales y te invito a leer el capítulo completo en “Palabras para Sanar”.