José Luis Camacho Acevedo

Nuevamente el cambiante carácter del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a poner al gobierno mexicano contra las cuerdas cuando anunció que “NO SE HAN REVELADO ALGUNOS PUNTOS DEL ACUERDO QUE REVELARÁ EN SU MOMENTO”.

De inmediato el canciller Marcelo Ebrard respondió que no hay partes ocultas en el acuerdo y que los puntos que contiene fueron de carácter migratorio y de ninguna manera comercial.
Tal parece que existe un grave riesgo de que el bipolar mandatario norteamericano en apenas 45 días vuelva a poner en juego su amenaza de imponer aranceles si las acciones para detener la migración que viene de Centroamérica no satisfacen las expectativas de su gobierno.

No han sido pocos los analistas y líderes políticos en México que afirman que la celebración de Tijuana fue una acción prematura, toda vez que ocurrió en momentos en los que aún no se concluye la negociación que tenía al país al borde de una crisis no solo económica, sino también de conducción política en la medida en se ha comprometido la utilización de 6000 elementos de la Guardia Nacional para enfrentar el problema de las caravanas de migrantes que cruzan nuestra frontera sur.

Festejo prematuro, sin consistencia, debido a la reiteración de Trump de que revelará partes del acuerdo que no se ha dado a conocer, es como se está calificando a las negociaciones con el vecino país.

Organizaciones sociales y productivas como el caso de la CNC que encabeza Ismael Hernández y la CCI cuyo líder es José Amadeo Hernández, están demandando al gobierno que aclare si es cierto que se abrirá la frontera a miles de toneladas de productos agrícolas norteamericanos como se especula en círculos políticos de Estados Unidos.
Varios críticos del acuerdo alcanzado el viernes pasado señalan que el gobierno de Estados Unidos no asumió ningún compromiso en torno a las demandas que México le planteó para combatir el narcotráfico y reducir los flujos de migrantes.

A saber:
1.-El acuerdo no menciona en absoluto que Estados Unidos se compromete a controlar la exportación de armas a nuestro país, toda vez que ese tráfico favorece las acciones delictivas de los carteles de la droga.
2.- Tampoco el acuerdo contempla la instrumentación de acciones conjuntas de los dos países para combatir el fenómeno del narcotráfico.
3.- Y de la misma manera se omite un compromiso por parte de Estados Unidos de solidaridad con el proyecto de fortalecer la economía centroamericana con una especie de Plan Marshall para en esa forma reducir las condiciones socioeconómicas que son la principal causa de la expulsión de migrantes.
Para dejar más claro este intento de análisis recurro a la lucidez de Manuel Díaz que en su columna de ayer en SDP, SUMISIÓN ESTRATÉGICA Y PLANEADA, afirma de manera contundente:
“Los acuerdos que no son lo que parecen.

Para poder entender el alcance de los acuerdos y qué tan eficaz resultó la negociación que encabezó el canciller Marcelo Ebrard, hay que comprender el contexto en el que se desarrolló, de lo contrario, simplemente nos quedaremos en la parte mediática y electorera de ambos países.
En primer lugar, hay que ver en esta ocasión que las agendas en materia comercial y migratoria se metieron en el mismo costal y estas dos a su vez, se echaron al del proceso electoral estadounidense que inicia en los próximos días.

En segundo lugar, no se puede desestimar una crisis migratoria en el Continente Americano, sobre todo de Centroamérica, que en menos de un año pasó de tener un flujo promedio de 20 mil migrantes por mes a 100 mil.

En tercer lugar, los legisladores demócratas han estado presionando a Trump con condicionar la ratificación del T-MEC a una serie de cuestiones de política interna, entre ellas el tema laboral.
En cuarto lugar, está la guerra comercial entre Estados Unidos y China, al país asiático ya se le unió otra potencia, la de Rusia. Por decirlo de otra manera, estamos en periodo de formación de bloques económicos y geopolíticos frente a un posible nuevo orden internacional.

Por ello y de manera colateral, también se puede considerar en la crisis diplomática entre México y Estados Unidos, el tema del Brexit y la indefinición de la Gran Bretaña de salirse o quedarse en la Unión Europea, lo que ha derivado en una crisis política de los ingleses con la renuncia de Teresa May.

No son tecnicismos ¡es guerra!

Con base en todo este cóctel explosivo, las reglas de la OMC y del propio TLCAN, quedan hasta cierto punto en un segundo lugar, es decir, como una segunda opción para la resolución de conflictos comerciales.

Es evidente que el problema actual no se limita a los ámbitos comercial o migratorio, exclusivamente, sino que el tema es mucho más complejo y requiere de gran audacia para que México no quede en medio y sacrificado en su economía o seguridad nacional.”

Importante y oportuna advertencia de un analista tan informado en temas de comercio internacional como lo es el maestro Manuel Díaz.
Lo único que podemos agregar a las consideraciones de Manuel es un simple: “MÁS CLARO NI EL AGUA”.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.