La Costumbre del Poder: Escuchen a Muñoz Ledo

El rostro del México administrado por Antonio Ortiz Mena es nada más una añoranza, una nostalgia que no podrá regresar, como tampoco podrá reducirse el índice poblacional

La sensatez abandonó a los integrantes del gobierno. Desbordados por la obsesión de la popularidad y la imagen, todo proyecto, toda iniciativa queda sujeta a los buenos resultados en ese renglón. Si no reditúa en porcentajes que lo signifiquen como el presidente más popular, el proyecto se modifica o se suspende.

Fue dentro de esos parámetros que se desarrolló la negociación con el gobierno de Estados Unidos, para conjurar el carrusel de aranceles a las exportaciones mexicanas. El corolario mostrará sus verdaderos resultados en meses o años, cuando la 4T palidezca y Donald Trump se aproxime al ocaso de su segundo mandato, de reelegirse.

Es momento de preguntarnos si resulta anacrónico referirse al origen e ideología del Destino Manifiestopara darnos marco al análisis de la manera de comportarse de los organismos de inteligencia que sirven a la Casa Blanca, y que no se mueven ni un ápice de lo que para ellos es importante en su ámbito de seguridad interna y geo-regional, de la que formamos parte desde el momento en que la globalización modificó las relaciones entre países, determinó el fin de los nacionalismos, pero no el concepto de identidad nacional y de pertenencia, porque de otra manera el acedo monroísmo hubiera desaparecido.

De entre el dispar concierto de voces para alabar los triunfos de Marcelo Ebrard y su jefe, el presidente constitucional de todos los mexicanos, la única sensata, que ve y apunta a los objetivos de la razón y del humanismo, fue la de Porfirio Muñoz Ledo, quien entre otras cosas importantes declaró: La globalización actual exige a los gobiernos crear bloques económicos justos y equitativos.

Lo anterior sólo permite una lectura. El neoliberalismo permanece vigente, por más que la regeneración nacional haya oficiado sus exequias, y la negociación para evitar la catástrofe arancelaria obligó a realinearse a México al bloque de América del Norte, tal como está previsto desde la negociación del TLC que culminó con su firma e inició en octubre de 1993 y enero de 1994. La palinodia histórica de un salinismo que tiene enorme poder económico y, por ende, político, pero al que se le acabó la imaginación.

El rostro del México administrado por Antonio Ortiz Mena es nada más una añoranza, una nostalgia que no podrá regresar, como tampoco podrá reducirse el índice poblacional. Carlos Salinas se niega a aceptar que fue, y ya no es.

La llegada de los migrantes es una serie de clavos de plata para sellar el catafalco del proyecto de nación. El original lo tiraron a la basura, y no tienen otro.

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