Irene Ortega Valdivia

En atención a los lectores que nos siguen favoreciendo, quiero de entrada decirles que al escribir durante casi treinta años, mi soledad encontró finalmente compañía y mis silencios habituales se convirtieron en murmullos inspiradores, siendo esto para una quebrantada salud la mejor medicina.
Pues bien, en el acomodo del cambio-habitab por prescripción médica, acabo de encontrar en mi reducida biblioteca cuidadosamente protegida un hallazgo viejo como viejo es el Decano de la Prensa Nacional el Dictamen y el que contra viento y marea sigue en el ánimo de los lectores, ésta antiquísima piedra circular de treinta centímetros de diámetro conocida también con el nombre de Piedra del Sol.

Por lo que hoy, que se vocifera constantemente el amor a México y los sacrificios innumerables que se llevarán a cabo por salvarlo del deshonor y bla, bla, bla me pregunto: Sabrán algo de ésta piedra circular llamada Calendario Azteca?

Para comenzar, fueron dos científicos mexicanos, el doctor Ignacio Iturbe y su esposa Guadalupe Rivera de Iturbe, los que estudiaron acuciosamente a lo largo de numerosos años el famoso Calendario Azteca, el cual, conjuntamente con la Puerta del Sol en Tiahuanaco, Bolivia, son considerados como los mayores monumentos arqueológicos de la América Precolombina, con trascendentales representaciones calendáricas y de una exactitud y precisión admirables. Iturbe y su esposa aseguraban que el Calendario Azteca es la fiel representación de una nave espacial.

Sin dudas, quiénes hicieron éste grandioso Calendario, poseían amplios conocimientos astronómicos. Se calcula que fué elaborado durante la segunda mitad del siglo XV por los indígenas de México y descubierto por los Españoles durante la conquista, permaneciendo en el más completo abandono hasta que en el año 1559 fue enterrado con el fin de evitar idolatrías.

Esta enorme e histórica piedra circular que conocemos como el Calendario Azteca, se le conoce también como la Piedra del Sol; pintada de fuertes colores (azul, amarillo, rojo y verde) y contiene numerosos dibujos simbólicos.

Se dice que hay abundantes informaciones sobre ello entre los viejos cronistas y en los códices que se conservan, en donde se ha encontrado y analizado además, un increíble contenido esotérico, incluyendo características del territorio Mexicano y sus relaciones con los eclipses del sol y  la luna.

En el Calendario Azteca o Piedra del Sol existen condensados de profundos conocimientos cósmicos, tal vez de miles de años, siendo sin duda una síntesis de esas grandes culturas que incluye esa piedra maravillosa con mucho más significado que lo que el turista ve y observa a simple vista.

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