Dr. Alexander O. Krouham

El 17 de julio de 1971, cuando James Reston fue admitido al Hospital Anti-Imperialista de Peking para que se le removiera el apéndice, cambió la historia de la medicina.

A principios del siglo XX, las fundaciones Carnegie y Rockefeller financiaron a la Asociación Americana de Medicina para que evaluara y homologara los planes de estudios de todas las universidades que formaban médicos en los Estados Unidos y Canadá. Las conclusiones se emitieron en el reporte Flexner de 1910, que sugería 3 acciones: (1) aplicar el método científico, utilizando el cuestionamiento para la resolución de problemas; (2) aprender por medio de la práctica atendiendo pacientes; y (3) realizar investigación para generar conocimiento y enseñanza.

Las consecuencias de ese trabajo fueron mayúsculas: desaparecieron un gran número de escuelas de medicina, se gestó formalmente la industria farmacéutica (obviamente con fuerte participación de las familias Carnegie y Rockefeller) e inició una auténtica persecución en contra de cualquier modalidad de tratamiento que no se ciñera a los lineamientos establecidos. Sabiduría  antiquísima fue ignorada y osteópatas, naturópatas, quiroprácticos, homeópatas, acupunturistas y muchos otros debieron ejercer su arte bajo el más estricto sigilo, mientras los médicos convencionales eran indoctrinados y manipulados por las farmacéuticas.

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Reston, un afamado columnista y editor del influyente periódico “The New York Times”, fue invitado por el gobierno chino para cubrir las actividades del Secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, en preparación para la futura visita del presidente Richard Nixon a partir de la cual se restablecerían las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.

Por cuestiones de seguridad se le impidió cumplir con su cometido, lo que le generó gran enojo pero también un cuadro coincidente de apendicitis. El equipo de médicos que se le asignó incluía especialistas en medicina tradicional china, que usaron acupuntura y moxibustión en su recuperación. Frustrado por no haber podido reportar sobre los eventos políticos escribió sobre la experiencia médica, publicándose el artículo el mismo día del lanzamiento del Apolo XV. A raíz de esto el mundo occidental supo de la acupuntura, se generó un furor por ella y se reabrieron las puertas a otras disciplinas médicas.

Estado paternalista y sociedad sin decisión

Entre engaños y villanos

Alternativo significa “que difiere de los modelos oficiales, comúnmente aceptados”. El diccionario no dice más, pero la medicina convencional emplea el término en forma peyorativa, para descalificar. ¿Con qué autoridad? Ninguna. ¿Quién le otorgó el derecho a juzgar a otros? Nadie. ¿Acaso tiene las respuestas a todas las preguntas, ha resuelto todos los problemas de salud y ha demostrado infalibilidad? Evidentemente no. Con soberbia se ha erigido como la única opción, desconociendo a cualquier otra rama del saber.

La realización de que los padecimientos imperantes de la época eran causados por infecciones bacterianas orilló a la medicina a creer que toda enfermedad dependía de una única causa específica. No obstante esa no es la realidad actual, caracterizada por trastornos cuyo origen es multifactorial y ante los cuales el modelo convencional ha fracasado.

Por el contrario, la Medicina Funcional es incluyente y se nutre y enriquece de cuantas ofertas diagnósticas y terapéuticas hayan demostrado utilidad clínica y sustento científico. No es una cuestión de actitud o humildad, es simple sentido común. Basta reconocer la complejidad del ser humano, sus facetas física y emocional y la interacción entre sistemas biológicos para entender que crear salud y revertir anomalías crónico degenerativas requiere una visión de amplio espectro.

Somos una unidad bio-psico-social pero que opera en el contexto de nuestra genética, hábitos de vida y medio ambiente. Pretender ver a la salud como un elemento aislado y una condición estática es absurdo. De ahí que debamos dimensionar su vinculación con disciplinas tan diversas como educación, política, antropología, comunicación, psicología, biología, química, economía, seguridad, geografía, meteorología, astronomía, agronomía, pesca, ganadería, etc.

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Ejemplos de esto incluyen epigenética, que representa las influencias activadoras o inhibidoras sobre los genes, la toxicidad ambiental, los factores condicionantes de la felicidad, la disponibilidad de alimentos, el efecto del microbioma intestinal en la salud mental, el origen de las enfermedades autoinmunes y muchos más que trataremos en los próximos capítulos.

Queda claro que la Medicina Funcional es absolutamente personalizada, no obstante, también ejerce una influencia determinante en los ámbitos público, laboral y familiar. Los primeros dos son controlados por organizaciones rectoras, ya sea gobiernos, empresas o instituciones, que dictan regulaciones y leyes para el cuidado de toda la colectividad sin importar las características particulares de los individuos que la conforman. En este contexto el modelo funcional se enfoca en la implementación de medidas preventivas, el tratamiento del entorno y las mejoras generales en los hábitos de vida.  Como muestra citemos las campañas de lactancia materna, el control de crisis en situaciones de colapso social, prevención de adicciones, la introducción de etiquetas nutrimentales, el uso obligatorio de cinturones de seguridad, el manejo de residuos tóxicos, las condiciones de ventilación y sanidad en el área de trabajo, saneamiento ambiental, etc.

La salud familiar es la extensión de la individual, aunque profundiza en la genética, los hábitos modificables de vida y la esfera neuro-emocional y espiritual. Esta influencia es crítica para el óptimo desarrollo de la persona e incluye desde los modelos de alimentación y ejercicio hasta la instilación de valores y creencias. Las capacidades de experimentar amor y gratitud, y el sentido y propósito de vida, son producto del entorno familiar y determinarán nuestra eficiencia para afrontar el estrés, la resiliencia, la estabilidad mental e incluso serán factor de longevidad. De la fortaleza de estos principios depende en gran medida la salud de la sociedad en general.

La Medicina Funcional transforma individuos, previene enfermedades y promueve la formación de comunidades de bienestar que mejoran la calidad de vida de toda la población. Podemos participar de este reto pero para alcanzar esos objetivos debemos estar dispuestos a cambiar los paradigmas que nos inculcaron y que aceptamos sin cuestionamiento.

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