Rafael Nadal venció en cuatro sets, 6-3, 5-7, 6-1 y 6-1, al austriaco, Dominic Thiem, para levantar por doceava ocasión en su carrera el título de Roland Garros, la mayor cantidad en la historia para un tenista en cualquier torneo de Grand Slam.

Nadal necesitó de poco más de tres horas para superar a Thiem, que llegó con el cansancio de jugar durante cuatro días seguidos, en la reedición de la final de 2018, en la que también el español venció al austriaco.

“Es increíble, no puedo explicar mis sensaciones. Ya era un sueño jugar la primera vez aquí en 2005, no podía imaginarme que en 2019 volvería a estar aquí”, afirmó desde la pista Nadal.

Si el año pasado Thiem no logró arrancarle un set, en esta ocasión el austríaco demostró que ha dado un paso más para acercarse al rey de la tierra y se apuntó una manga. Su tenis ha cobrado peso y solidez, como demostró en semifinales al vencer a un Djokovic que luce el número 1 del mundo.

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Como la final de 2018, Thiem entró con brío, deseoso de tratar de tú a tú al dueño del lugar. De su raqueta salía dinamita, respondida por la pólvora del español, lo que se plasmó en una primera manga intensa y lúcida. Nivel de diez, dos titanes con armas diferentes, cada uno poniendo sobre la arena sus mejores argumentos.

Pero el austriaco aún está lejos de un Nadal que sobre la pista central de París cobra una dimensión casi mística. Su tenis es sublime, controla todos los elementos del juego y, como demostró en semifinales contra Federer, es capaz de domesticar hasta a un vendaval.

Recién cumplidos los 33 años, Nadal suma ya 18 títulos de Grand Slam, dos menos que el suizo Roger Federer, el hombre récord en este apartado, tres más que el serbio Novak Djokovic, tercero en la carrera de los grandes.

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