Cinco meses y medio después de que el actual gobierno tomara posesión, dejando atrás un duro bienio con Miguel Ángel Yunes al frente, al estado le urge despegar, ir al alza para sacudirse la pesada losa de las herencias.

Pero no parece sencillo. Con números y situaciones políticas y sociales que revelan la complejidad que vive el estado, propios y extraños coinciden en que el panorama no es halagueño. El gobierno en turno ya brincó la etapa de aprendizaje y necesita dar resultados rápido.

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El asunto es que a un par de semanas de llegar al medio año en el poder, las cifras y los análisis no mienten. De acuerdo con organizaciones civiles como México Evalúa, México Cómo Vamos, entre otras, Veracruz enfrenta varias situaciones de riesgo.

Por un lado, la violencia es crítica: con un promedio de 5 asesinatos diarios y 140 secuestros registrados en el primer trimestre del 2019, no podía ser diferente. Hay municipios con tasas de hasta 130 muertes violentas por cada 100 mil habitantes, una tasa vista en zonas de guerrilas.

Los esfuerzos por parte de la autoridad estatal y federal han resultado insuficientes para frenar a los grupos criminales, que controlan importantes territorios del estado como quedó claro tras masacres como la de Minatitilán.

La frase sistémica de los gobiernos de Morena es que la violencia se paliará en razón del crecimiento económico y la ayuda a través de programas sociales, que permitirán, de acuerdo a sus planes, que los jóvenes opten por una vida lejos del crimen.

Pero para infortunio veracruzano, la tasa de desempleo en 2019 continúa en 2.9% y el estado se sitúa en el lugar 27 de 32 entre los que generan empleo. De hecho, entre enero y marzo sólo se crearon 3895 empleos formales en todo el territorio, una sexta parte de los necesarios para que Veracruz despunte en la materia.

El estancamiento de la economía resuta tan notorio que la economía informal creció al 61.3%, es decir, más de cada seis trabajos no cuentan con las prestaciones de ley. Existe la aspiración de que las inversiones de empresas como Nestlé o Iberdrola ayuden a cambiar la dinámica negativa.

Aunado a esto están las crisis en el sector salud por el desabasto de medicinas, el escaso gasto público y la limitada obra pública, asuntos que abonan al mal momento que vive Veracruz, necesitado de un empujón hacia adelante, que le haga tomar una inercia positiva para la segunda parte del año y el cumplimiento del primero del actual gobierno.

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