Los reencuentros

Tras haberte alejado de alguien (por la razón que fuere) y se vuelven a encontrar ¿qué sientes? Así comienza el debate de hoy.

Hace un tiempo escribí sobre las despedidas y cómo ellas te hacen tomar decisiones de vida. Hoy quiero ir en sentido inverso y reflexionar contigo acerca de los reencuentros y sus implicaciones.

La respuesta a la pregunta que detonó esta reflexión podría ir en tres direcciones y se responde de acuerdo a diversos contextos.

Si de quien te alejaste es una persona que le suma a tu vida, que te hace crecer de manera especial, si hay cariño, gratitud, confianza, amor, lazos familiares o de amistad profunda, es evidente que el reencuentro te dará mucha satisfacción, alegria y gozarás el momento. Puede tal vez quedarse grabado en tu mente y en tu corazón de manera significativa. Querrás que el momento continúe y se alargue lo más posible.

Por el contrato, si la persona de la que te alejaste es tóxica, te lastimó en algún momento, no te sientes cómodo a su lado o de plano dejó una huella negativa en ti, seguramente el reencuentro no será agradable y harás lo que sea por concluir lo más pronto posible ese episodio.

Sin embargo puede darse otro escenario: que tengas un recuerdo vago o inclusive poco positivo de determinada persona, pero al verle de nuevo decides darle (y darte a ti mismo) una oportunidad de conversar y ver ‘de qué está hecho ese individuo hoy en día’. Con certeza evolucionó y tú también. Tal vez encuentran cosas en común, cosas nuevas derivado de viejos recuerdos.

Así justo me sucedió hace unos días cuando caminando por el Centro Histórico de la CDMX me topé con una ex compañera de la preparatoria con quien poco o nada tenía que ver en aquellos tiempos. Nos reconocimos mutuamente y saludamos sin vacilar el uno al otro. Ambos veníamos solos y tranquilos, con tiempo suficiente y decidimos ponernos al corriente en un Sanborns de la Avenida Venustiano Carranza.

Descubrí cosas muy interesantes y abordamos (sin tenerlo planeado obviamente) algunos de los motivos por los que según cada quien no quiso hacer ‘clic’ con el otro hace más de 20 años. Resultó muy interesante el ejercicio. Es probable que no la vuelva a ver porque vive en el extranjero y solo vino de negocios pero la imagen que tengo ahora de ella es diametralmente distinta. Agradable.

Me quedé con algo y es lo que hoy quiero compartirte: no debemos quedarnos con la idea en negativo de nadie que hayamos conocido en el pasado, todos merecemos una nueva chance de hacer notar nuestro desarrollo personal y profesional. De mostrarle al mundo en qué nos hemos convertido.

Se llama madurez.

¿Qué tal, coincides conmigo?

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