El lenguaje coloquial, “campechano” y llano usado desde el poder, puede prestarse a equívocos e interpretaciones diversas que tergiversen lo dicho por el presidente constitucional de todos los mexicanos; lo contrario también es posible, que esas palabras fuesen elegidas con la idea de desconcertar, engañar, disfrazar la mentira de verdad impoluta. A saber.

Lo cierto es que si bien hay un esfuerzo por dar la imagen de un cambio, éste inicia con y por la palabra: transitamos de las tepocatas, malandrines y peces gordos, a los fifís, el México bueno y sabio, los adversarios… pero ambos engañan y terminan por servir a su némesis: Estados Unidos.

El ejercicio del poder requiere del uso de pantalones largos, del conocimiento y manejo de un vocabulario casi diplomático. Las palabras del mandamás no pueden ser malinterpretadas, han de ser precisas y puntuales. Han hecho de la comunicación un margayate, y de la confrontación entre mexicanos una especialización con grado de doctorado.

¿Qué quiere decir el presidente constitucional con la siguiente declaración?: “Se cumple con el compromiso que se hizo con el gobierno de Estados Unidos; estamos demostrando que en México cumplimos los compromisos, se dijo que se iba a aprobar esta reforma y ya cumplimos. Ahora corresponde al gobierno de Estados Unidos, a los legisladores de Estados Unidos, terminar de aprobar el tratado de libre comercio. Nosotros estamos cumpliendo y queremos ese tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá”.

No es el primer cambio constitucional exigido por Estados Unidos. Se hizo con la reforma constitucional penal, con la reforma educativa, con las leyes anticorrupción y la laxa manga ancha en los temas migratorios, donde los procónsules gringos de la geo seguridad regional imponen criterios. Y eso que no quiere ser florero.

La verbalización constante de lo que se trae como proyecto político, de nación y, además personal, favorece contradicciones y tropiezos e impulsa el uso de un vocabulario que evite que “los periodistas se pasen, si no ya saben”, porque lo que pudo haber sido visto como un desliz verbal adquiere la dimensión de un craso error presidencial, y aunque se silencie, está presente, se guarda, por aquello de que a cada capillita se le llega su fiestecita, y en ésta el juicio de la historia podría hacer de las suyas.

Sí, ya cumplieron, lo que significa que si los gringos no lo exigen, no se hace. Es, como sostengo, la continuidad del proyecto neoliberal. ¿O no?

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