El Verde Promete y Cumple

Tengo la absoluta certeza de que no existe mayor sufrimiento para un padre o una madre que enfrentarse al dolor del diagnóstico médico de un hijo con cáncer. Quienes lamentablemente se ven afectados por un problema de esta naturaleza, se ven cercados por el abatimiento e incluso la desesperación de no poder estar cerca de sus hijos para darles el amor y la fortaleza que se requieren en momentos de tanta incertidumbre para el entorno familiar; pero esta situación se hace aún más compleja, cuando los padres se ven forzados a abandonar sus fuentes de trabajo para poder atender los tratamientos médicos que sus hijos requieren para superar la enfermedad.

Es indudable, desde el punto de vista médico, que las investigaciones en las últimas décadas nos han permitido aumentar el índice de supervivencia en los niños y niñas que son diagnosticados con algún tipo de cáncer infantil, todavía en los años setenta ésta era del 15%, sin embargo, hoy ya se habla de hasta un 70% como resultado de mejores técnicas de diagnóstico y tratamiento. Pero, ¿cuánto hemos logrado avanzar socialmente en solidaridad con quienes se enfrentan a esta problemática?

La complejidad de las sociedades modernas no necesariamente debe ser sinónimo de una sociedad deshumanizada o insensible. Tenemos que tomar conciencia de que un diagnóstico de esta índole produce un impacto muy fuerte tanto en el pequeño como en sus padres y otros familiares, en quienes se presentan sentimientos negativos de injusticia, culpa, confusión, incertidumbre e incluso ira. La preocupación se hace presa de ellos, todos tenemos miedo a lo desconocido.

Hay quienes de manera errónea piensan que los niños o niñas no se dan cuenta cabal de lo que sucede a su alrededor, nada más alejado de la realidad, desde edades muy tempranas tienen la capacidad de captar los miedos o angustias que se suceden en sus familias y hacerlos suyos, aunque abiertamente no expresen sus inquietudes, así lo demuestran los dibujos que realizan durante sus protocolos oncológicos en los hospitales, lo que deriva en aislamiento y mayores temores ante lo inexplicable. Es por ello que está demostrado que la cercanía con sus padres, el amor que sólo ellos pueden prodigarles, les ayuda a enfrentar con mayor fortaleza sus tratamientos que implican mucha entereza y disciplina.

Los niños son desarraigados de sus espacios de vida, de sus casas, sus escuelas, sus amigos e incluso sus juguetes para seguir los tratamientos necesarios, a ello se añaden las consecuencias físicas y los malestares de los mismos. Generalmente, las madres y en menor grado los padres tienen que dejar sus hogares o trabajos para atender a sus pequeños enfermos y a ello se añaden, sin duda, los problemas económicos que se generan en estas situaciones. Se debaten entre el dolor de no poder estar cerca de sus hijos en procedimientos que requieren de su presencia y la angustia de generar los recursos necesarios para poder solventar los gastos que se presentan.

Una sociedad que se precie de ser justa y equitativa tiene la obligación ética y moral de considerar estas circunstancias, por ello celebro abiertamente los trabajos desarrollados en el Senado de la República a iniciativa del Partido Verde Ecologista de México, en el sentido de adicionar diversas disposiciones a la Ley del Seguro Social (IMSS), a la Ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y a la Ley Federal del Trabajo (LFT), con objeto de facilitar a los padres y madres trabajadores su presencia en los tratamientos de sus hijos diagnosticados con cáncer. Ésta fue una promesa de campaña de la elección federal pasada que nuestro partido hoy hace realidad a través de sus representantes en el Congreso de la Unión.

En el caso de la Ley del IMSS se adiciona un apartado al artículo 140 en el que se establece que en los casos de padres o madres asegurados, cuyos hijos de hasta 16 años hayan sido diagnosticados con cáncer de cualquier tipo, puedan gozar de una licencia para ausentarse de sus labores durante los periodos críticos de tratamiento u hospitalización.

Para tal efecto, el IMSS expedirá una constancia que acredite el padecimiento oncológico infantil y la duración del tratamiento que tendrá una vigencia de uno hasta 28 días. Podrán expedirse tantas licencias como se sean necesarias en un periodo máximo de tres años, mismas que no necesariamente serán continuas, para aquellos contribuyentes que hayan cotizado al menos 30 semanas previas al inicio de la licencia en el periodo de doce meses anteriores a la fecha de diagnóstico y en el caso de no cumplir con este periodo tener al menos 52 semanas cotizadas al Instituto a lo largo de su vida laboral. En ningún caso podrá ser otorgada dicha licencia a ambos padres trabajadores del menor diagnosticado. El trabajador gozará de un subsidio equivalente al sesenta por ciento del último salario registrado.

Por lo que se refiere a la Ley del ISSSTE se propone añadir un apartado al artículo 37 en el que se establecen las mismas condicionantes que en la Ley del IMSS. Con respecto a la LFT se adiciona una fracción IX al artículo 42, una fracción XXIX Bis al artículo 132 y un artículo 170 Bis para quedar acorde con las disposiciones legislativas anteriores.

El pasado 29 de abril fue aprobado en el Pleno del Senado de la República, por unanimidad, el Proyecto de Decreto por el que se adicionan las disposiciones a las leyes señaladas anteriormente, y el dictamen correspondiente fue enviado ese mismo día al Ejecutivo federal para su promulgación.

De los 115 senadores presentes en el momento de la votación ninguno votó en contra o se abstuvo. A título personal expreso mi más profundo agradecimiento a los legisladores porque esto es un indicador de que como sociedad encontramos caminos para acercarnos solidariamente con quien necesita encontrar facilidades en un recorrido de tanto pesar.

[email protected]

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.