El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que recientemente elevó de 10 a 25% los aranceles a productos chinos valorados en 200 mil millones de dólares, hizo un llamado a las empresas de su país, para que produzcan sus propios bienes, evitando los costos adicionales de las importaciones.

Trump acusa a China de no cumplir con sus compromisos en las negociaciones comerciales mutuas que mantienen desde hace meses y ha ordenado nuevos aranceles punitivos que entraron en vigor el viernes pasado, una orden que demorará meses en cumplirse. No hay una ruptura inmediata, lo que ofrece una esperanza de arreglo. EEUU quiere que Pekín refuerce sus normas de protección de la propiedad intelectual, recorte sus subsidios a las empresas estatales y reduzca el enorme déficit comercial que mantiene con Estados Unidos. China, por quiere poner fin a los aranceles como parte de un acuerdo “equilibrado”.

Ambos países piden imposibles. Las empresas estadounidenses no pueden cambiar su esquema de negocios de un día para otro, ni lo cambiarán porque han encontrado grandes beneficios en las importaciones de productos baratos, ahorrando en mano de obra. Por su parte, se pide demasiado al gobierno chino, que basa su crecimiento envidiable en la economía de Estado. Los propios republicanos (del partido de Trump), a favor del libre comercio han advertido que los aranceles podrían causar un daño real a la economía y los agricultores, incluidos los partidarios de Trump, consideran que los aranceles han llegado a su punto máximo.

Finalmente, Trump tendrá que buscar una salida airosa, dejando que la economía se acomode.

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