Una de las grandes mentiras, que por repetida acabamos creyendo, es que cualquier persona, con algunos conocimientos contables e informáticos puede hacer su Declaración Anual del Impuesto sobre la Renta. No es cierto, pues hasta la más sencilla declaración requiere la intervención de un experto, y tenga presente que los errores fiscales no solo salen caros, sino que son de larguísima duración (por lo menos cinco años).

Hay que revisar los ingresos, pues si su patrón no cumplió con remitir al Servicio de Administración Tributaria (SAT) la información en tiempo y forma, estará usted declarando menos ingresos de los percibidos e incurriendo en defraudación fiscal. Lo menos que le puede pasar es que no le devuelvan algún saldo a favor que haya determinado. Busque en su Buzón Fiscal y seguramente tendrá usted una notificación.

Respecto a las deducciones, los medios de comunicación tienen alguna culpa, pues hasta las revistas del corazón publican largas listas de todo lo que podemos deducir, sin decirnos lo más importante: ¡QUE NO DEBEMOS PAGARLO EN EFECTIVO!, sino con un instrumento bancario, llámese tarjeta de débito, de crédito, cheque, transferencia electrónica, etc., pues la intención es BANCARIZARNOS TOTALMENTE, ya que los bancos son los únicos dignos de credibilidad fiscal.

Miles de gastos que los contribuyentes creían deducibles fueron rechazados por el SAT por haber sido pagados en efectivo, pues muchos negocios no tienen la terminal del banco con la que pueden emitir los recibos correspondientes, por lo tanto la deducibilidad, un derecho que todos tenemos, es imposible de ejercer.

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