En los albores de la industria se pensaba que el único objetivo de las empresas era generar riqueza, obtener beneficios económicos sin importar las formas; o lo que es lo mismo, se planteaba todo bajo un básico pragmatismo mercantil.

Lo dicho se lograba buscando eficientar los procesos de producción bajo una fórmula sencilla y deshumanizante: abaratando la mano de obra y dejando de invertir en temas de seguridad, protección, tecnología o innovación.

Afortunadamente, con el paso de los años el paradigma cambió y las empresas se adentraron en una mejora continua, en donde ya no sólo importaba el dinero, sino también la mejora sustancial de cada proceso, así como la profesionalización de la mano de obra, sin dejar de lado el desarrollo humano de sus colaboradores.

De tal forma que en la primera mitad del siglo pasado se levantaron grandes industrias en diferentes países que marcaron el camino de naciones enteras; así, mientras Alemania destacaba en la producción mecánica, Italia lo hacía industrializando productos de primera necesidad o Japón se volcaba hacia el ascenso tecnológico.

Luego, tras la Guerra Fría, el mundo de la industria no fue el mismo y muta cada vez de forma más constante gracias a la globalización. A partir de este fenómeno, las exigencias hacia las empresas cambiaron radicalmente, pues ya no sólo se trataba de negocios locales, sino mundiales.

La escala global exige, además una serie de recursos, decisiones y procesos que no cualquiera es capaz de cumplir, al menos si aspira a colocarse entre las marcas que marcan la diferencia o que lideran los rankings.

De acuerdo a los manuales de las principales universidades de negocios del mundo, las empresas en la actualidad deben de considerar algunos puntos, iniciando con poner al cliente en el centro, es decir, en el eje de su desarrollo para conocer exactamente cuáles son sus necesidades y qué oportunidades de negocio brindan sus actividades.

Después, como prioridad tiene a su gente, a su personal, al capital humano que hace de ella una industria exitosa; no sólo se trata de generar empleos, sino también lealtades, mismas que se consiguen velando por las necesidades, derechos y aspiraciones de los colaboradores.

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A su vez, vela por los intereses de sus proveedores, a quienes les presenta reglas y precios justos y a los que no les deja de pagar ni les exige imposibles, pero sí les ayuda para que el negocio se fortalezca junto al vínculo que les une.

Aunado a lo descrito, las empresas que desean tener éxito en la actualidad preponderan el bienestar del medio ambiente mediante políticas de sustentabilidad, responsabilidad social y cuidado al medio ambiente.

Esto se relaciona con otros dos puntos torales: por un lado la innovación constante tanto en procesos como en puestos y en proyetos, y por el otro la retribución a la sociedad, es decir, involucrarse en las necesidades de la comunidad que le rodea para ayudarla a crecer a la par de la industria.

Orgullo veracruzano

Para bienestar de Veracruz, el estado y el puerto en particular cuentan con TenarisTamsa, una empresa cuyo rotundo éxito en los mercados internacionales se debe a que ha seguido a pie juntillas aquellos puntos indispensables para ser exitosos en el Siglo XXI.

TenarisTamsa no sólo ha logrado que sus productos integren grandes proyectos alrededor del mundo, sino también ser considerada como un referente en la industria mexicana por su calidez laboral, el valor que le dan a sus colaboradores y por su interés por el cuidado de los recursos naturales y el medio ambiente.

En México, un país emergente, es sumamente relevante que las empresas apliquen valores, procesos y manuales primermundistas, pues sólo así es posible que la industria mexicana al completo dé el siguiente paso y las características positivas se vuelvan homogéneas.

Lo que hace TenarisTamsa, sin duda, no sólo es un orgullo veracruzano, sino un ancla para todo el modelo empresarial en México.

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