No hay mejor herencia para alguien y sobre todo para los niños, que una educación integral de calidad. Con eso, no solo se salvaguarda el futuro de los ahora infantes, sino que además se haría cimientos firmes para un espectacular porvenir de nuestra nación. Pero, no, ahí tienen ustedes de que no es así, no se les está dando a los niños de México una educación buena, sino, de lo más deficiente que podamos imaginar. Y no es culpa del actual gobierno, pues en muchas ocasiones les he comentado que no tienen apenas un sexenio de que se fracasara con los planes de estudios de los colegios públicos (o dependientes del gobierno) en el país, la debacle viene desde Luis Echeverría. Cuando lejos de hacer los cambios para adecuar la educación a los tiempos del momento, se metió mano a mansalva y hubo de todo, menos educación.

¡NUESTRA GENERACIÓN FUE DE LAS MUY PRIVILEGIADAS EN TODO SENTIDO!
Afortunadamente a mi generación (la del 54 o de los 50 del siglo pasado), nos tocó un muy buen nivel educativo en la primaria, en donde los maestros ¡Nunca faltaban, salvo situaciones realmente de gravedad! De ahí en fuera, ahí estaban presentes los profes. Yo tuve la fortuna de tener puras maestras y ¡De las buenas! Nos instruyeron muy bien, tan bien, que el Día del Niño tampoco dejábamos de ir a tomar clases. No era un día de descanso obligatorio para nadie. Si mal no me acuerdo, salvo en una ocasión la maestra Lucha, del cuarto año de primaria nos llevó a una excursión al entonces “Viveros”, hoy “Miguel Ángel de Quevedo” ¡Fue divertidísimo! Pero eso sí, no nos perdonaban un día de estudio y nos traían a mecate corto con eso de los exámenes, para probar el conocimiento adquirido.

NUESTROS PROFESORES HABRÍAN IDO A DAR AHORA A PRISIÓN
Y miren, hoy, bajo las nuevas normativas y solo porque dejaron de ser presidio las Islas Marías, de lo contrario de estar en activo aun toda aquella generación de grandes maestros, habría ido a parar a ese penal sin tocar baranda, en función a la reiterada violación de los Derechos Humanos de los niños. Pues en aquellos ayeres hasta había la “fila de los burros”, en donde estaba la parte creativa de todo salón, ahí estaban los reprobados y los que ahora se podrían calificar de niños “hiperactivos”, pero en esa sección existente en todo salón de todas las escuelas, estaba el liderazgo y la diversión. Y les juro que ningún de los compañeros sentados en tan “destacado” sitial estaban traumatizados o llenos de prejuicios, al contrario en ese sitio todo era vital. Y los papás de esos compañeros en lo absoluto estaban disgustados por que ahí estuviesen sus hijo ¡Para nada! Hasta agradecían a los profesores el rigor para con sus vástagos.

NINGUNA DE MIS MAESTRAS ME TRAUMATIZO Y LAS RECUERDO A TODAS CON CARIÑO
Y no por uno que otro reglazo que recibí de mis maestras me atrevería a decir mellaron mi infancia, al contrario, les puedo asegurar que mi infancia fue excepcional, me divertí mucho, me subí a todos los árboles que pude y de varios me caí y aprendí de tales porrazos. Los adultos en nuestra época no eran abusivos y eran como otros mentores. La vulgaridad y las malas palabras no se usaban frente a los adultos, esas eran entre los puros varones, porque tampoco se usaban con las compañeras. Se nos había enseñado a respetarlas y verlas como nuestras semejantes. Imaginen, apenas acaban de regresar los alumnos de un periodo vacacional de ¡Más de 15 días! Y hoy ya no han de tener clases porque es el Día del Niño y como mañana es 1 de mayo ¡Tampoco! Y como el 5 de mayo cae en domingo, seguramente los maestros se tomarán el viernes o el próximo lunes ¿Eso es educar a los alumnos? ¡No en lo absoluto!

¡QUÉ PADRE ES LA NIÑEZ!
Pero, lejos de la anterior prolija explicación, deseo de todo corazón que todos los niños pasen un día muy emotivo y que ojalá y todos tengan los motivos suficientes para hacer de su existencia algo notable de realizar y disfrutar.

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