La atracción y la fascinación que provoca la belleza hacen reaccionar al espíritu humano a pesar de toda la humanidad que estamos borrando de nuestra alma.
Se han referido al arte, a la arquitectura, a la historia y a una de las joyas de la civilización cristiana, para resaltar todo lo que se pierde con el incendio de la Catedral de Notre Dame de París. Hablan del símbolo de una nación, de toda una época, aunque omiten intencionalmente referirse a la fe cristiana.
Pero estamos ante una desgracia que tiene potencial apocalíptico, pues además de todas las pérdidas materiales que es necesario lamentar, esta tragedia nos cimbra a nivel espiritual al pensar en la civilización, en la Iglesia, en Nuestra Señora y en Nuestro Señor.
En plena Semana Santa esta tragedia subraya y acentúa nuestro propio Calvario. También nos pega en el alma porque se trata de un ícono mundial que proyecta el amor más puro del pueblo católico por Nuestra Señora.
En Francia se ha perdido tanto la fe y ahora da la sensación de que se pierde también lo poco que se mantenía en pie de la gloria de la Iglesia católica, en una nación donde se ha acentuado el proceso de secularización y donde se ha renegado abiertamente de las raíces cristianas.
En la dramática situación espiritual de Francia y Europa cobran relevancia las palabras de Chesterton: “Cristo profetizó la arquitectura gótica, cuando dijo: «Si estos callan, gritarán las piedras» (Lc 19, 40)”. Sólo ellas se mantienen dignas e inconmovibles hablando de Dios y de la civilización cristiana.
Ha colapsado una parte importante de la Catedral, pero han quedado esas piedras fina y hermosamente talladas -como nuestra fe- que provocan admiración y reflexión al darnos a conocer la gloria de Dios y la verdad del evangelio. Cuando los hombres de Francia y Occidente se quedaron callados no sólo de manera pasiva siendo indiferentes al evangelio, sino de manera activa renegando de Dios, del evangelio y de la civilización cristiana, esas piedras no han dejado de anunciar la gloria de Nuestra Señora y de Nuestro Señor.
Esta tragedia tiene potencial apocalíptico porque nos cimbra en nuestra vida espiritual y porque nos hace confiar en el resurgimiento de la fe desde las mismas cenizas provocadas por nuestro pecado, por nuestra indiferencia y por la falta de virilidad para combatir las terribles consecuencias del laicismo que sigue generando el colapso moral en el mundo.
Salvador Sostres ha escrito, en ABC Internacional, una reflexión impactante y profética: “Es un signo de nuestro tiempo que Nuestra Señora de París caiga. Este incendio no es peor que el laicismo que asola La Civilización, negándole la profundidad y el sentido. Es el fuego de Dios, que escribe severo en incendios torcidos, ante tanta apostasía. Cae Notre Dame como antes cayó Francia en la vulgaridad atea y jacobina…”
No veremos con toda su gloria Notre Dame de París pero confiamos en que volveremos a ver la gloria de la fe en Francia: la hija mayor de la Iglesia católica.
Cuando a Heinrich Heine le preguntaron por qué ya no se construyen esas catedrales, respondió: “Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión”. Pudieron construir catedrales así porque tuvieron la capacidad de construir una civilización inspirada en el evangelio de Jesucristo.
Situando la historia de Quasimodo en su obra Nuestra Señora de París, Victor Hugo señala en 1831: “Y la catedral no era sólo su compañera, era el universo; mejor dicho, era la Naturaleza en sí misma. Él nunca soñó que había otros setos que las vidrieras en continua floración; otra sombra que la del follaje de piedra siempre en ciernes, lleno de pájaros en los matorrales de los capiteles sajones; otras montañas que las colosales torres de la Iglesia; u otros océanos que París rugiendo bajo sus pies”.
En medio de la devastación se ha recuperado el Santísimo Sacramento, la corona de espinas de Nuestro Señor, el hábito de San Luis, la imagen más famosa de Nuestra Señora de París del siglo XIV, la imagen de la Virgen de Guadalupe que se encuentra en una de las capillas laterales y otras reliquias. Hay futuro, tenemos un fundamento sólido de donde partir.
Mons. Ignacio Munilla lo expresaba así: “Querida Madre, te suplicamos que esta “desgracia” se convierta en “gracia”; de forma que la restauración de tu templo, llegue a ser una parábola de la reconstrucción de la fe de Europa desde sus cenizas.
Mientras una nueva generación de cristianos resurge, desde las cenizas, para levantar la civilización cristiana y la Catedral de Notre Dame, permanecerá la descripción que de ella hizo Victor Hugo:
“Es, por así decirlo, una vasta sinfonía de piedra; obra colosal de un hombre y de un pueblo; una y varia a la vez, como las Ilíadas y los Romanceros de los que es hermana; realización prodigiosa de la colaboración de todas las fuerzas de una época en donde se perciben en cada piedra, de cien formas distintas, la fantasía del obrero, dirigida por el genio del artista; una especie de creación humana, poderosa y profunda como la creación divina, a la que, se diría, ha robado el doble carácter de múltiple y de eterno”.
Encontrando más atributos al arte gótico una cuenta de twitter inspirada en Chesterton señala: “La verdad sobre la arquitectura gótica es que en primer lugar está viva y en segundo lugar está en marcha; es la Iglesia militante. Es la única arquitectura de combate. Todas sus agujas son lanzas en reposo. Y todas sus piedras son piedras que duermen en una catapulta” (@GKCdaily).
Como aparece en la película animada El jorobado de Notre Dame, de Walt Disney Pictures (adaptación de Notre Dame de Paris, de Victor Hugo), hacemos la oración de la gitana Esmeralda ante Nuestra Señora:
Esmeralda:
No sé si podrás oírme.
No sé si estás ahí.
Mi oración es tan humilde.
¿Cómo hablarte a Ti?
Pero tienes cara humana,
de sangre, llanto y luz…
Sí, soy sólo una gitana,
mas proscrito fuiste Tú…
Que Dios ayude, con su piedad
a los proscritos, en su soledad…
Toda mi gente, ¿en quién confiará…?
Dios nos ayude… o nadie lo hará…
Coro:
Yo pido fe. Y yo poder.
Yo pido gloria, fama y saber.
(Yo pido amor). Y yo salud.
Yo pido a Dios sólo que me bendiga…
Esmeralda:
No pido nada, sólo seguir…
Pero hay quien no puede, apenas vivir…
Dale a mi pueblo, Tu Bendición…
Guarda a esos hijos, en Tu Corazón…
También mis gentes… son hijos de Dios…

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