Esperen a mañana

Me extraña que no hubiese habido una sola protesta por el cambio horario al que el día de mañana una abrumadora de mexicanos en todo el territorio nacional le estará mereciendo una incuestionable mentada de madre. Pero por lo pronto ¡Nada! Así que ni quejarse el bueno. Y no porque quiera que llueva sobre mojado, pero, es incuestionable que para el 99 por ciento de mexicas este retiznado horario no ha traído en lo absoluto nada bueno, salvo eso sí, una enorme demagogia apareada a él. Porque como les he dicho, desde que Zedillo lo puso en marcha, jamás ha cumplido tal acción con ninguna de las promesas empeñadas, sobre todo el abaratar el fluido eléctrico que llega a nuestras casas, sino al contrario ¡Todo ha sido en subida y nada en bajada!, salvo, como efectivamente sucede en países como en los EUA, en donde las tarifas de electricidad ¡Jamás y ni de chiste se asemejan a las pavorosamente caras que pagamos los consumidores cautivos de la CFE! Y ni se diga la calidad en el servicio, que tienen varios sexenios de venir siendo una auténtica porquería lo que hay de servicio y ni se diga el trato que se recibe en las siempre remodeladas oficinas (con cargo incuestionablemente a los consumidores cautivos) de la CFE, en donde nunca nada ha cambiado para bien ¡Todo para mal!

DICEN QUE ASÍ DIJO AQUEL FAMOSO MIRAMONTES, PERSONAJE DE HECTOR SUAREZ

Pero, tal como dicen que dijo en su momento un invidente: “¡Vamos a ver!”. Obviamente nada. Así que no olvide adelantar su reloj una hora antes de irse a dormir la noche de hoy, de lo contrario, si usted tiene alguna cita o compromiso a cumplir mañana, seguramente llegará tarde.

POR LO QUE A MI RESPECTA ¡ME VALE GORRO EL HORARIO! NO ASÍ LAS ALTAS TARIFAS

No obstante lo anterior y para no andar sudando calenturas ajenas (estoy como el lobo aquel que no pudo comerse las uvas), no debo de olvidar que ya me encuentro y he pasado muy a pesar de mi voluntad a la territorialidad de la Tercera Edad, pues poseo 65 años por el güiro y por lo tanto ya soy un respetable jubilado, que en teoría me encuentro más allá del bien y del mal, que ya no estoy sujeto a agendas y mucho menos ando sujeto o emplazado a andar en ceremonias o compromisos en donde se debe de respetar el horario. Por lo que incuestionablemente he llegado a esa envidiable edad tan anhelada cuando niños, cuando decíamos: “Pero cuando yo sea grande, haré lo que se me dé la gana”. Bueno, pues exactamente en esas ya estoy (al igual que una muy buena cantidad de integrantes de mi generación, pero, que por motivos de condicionamiento al que fuimos sujetos desde infantes y ELLOS no han logrado romper, todavía andan como el conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas desde primera hora en la mañana, mirando su reloj y gritando: “¡Ay Dios mío! ¡Ay Dios! ¡Voy a llegar tarde!”. Por lo tanto, en lo que a mí respecta, me vale un bledo el REPUTRIDO horario de verano o el de invierno, porque para mí eso ya está superado. Salvo, eso sí, lo muy cara de la tarifa eléctrica que debo de cubrir religiosamente cada dos meses, al igual que todos los consumidores cautivos de la RECHINGADA Comisión Federal de Electricidad, herencia del saqueo y conservadurismo que nos “desgobernó” hasta el pasado 1 de diciembre y que ojalá y próximamente nos haga justicia la Cuarta Transformación ¿A poco no?.

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