El palo de mulato (y no es albur)

Ando en hacerle una pequeña mejora al sitio donde guardo mis libros y por ahí hay un ventanal que tuve la puntada de levantar ya hace algunos años, esto porque da a un espacio por donde logro admirar un parte de un árbol de mulato, así como parte de su follaje que año con año reverdece con un tremendo y cuanto placentero desorden. Al igual que su retorcidas ramas, disfruto ver como se yerguen hacia la azotea y allá, cuando viene el cambio de follaje (creo es a cada rato), deja buena parte de la azotea llena de hojarasca. Por el espesor del árbol y por las pláticas que tuve con mi augusta madre, ese árbol debe de tener más de cien años de edad. Tal vez cuando se fraccionó esa parte de Veracruz, que hoy se denomina “Colonia Centro”, hace más de cien años fueron “Las Colonias”. La autora de mis días, que nació en 1926 me decía que ella había llegado chamaca a vivir a ese sitio y “el árbol de mulato ¡Ya era el mulato!”. Quien lo sembró, lo hizo del lado del que fuera el terreno de mi abuela materna y lo plantó como un objeto limítrofe, pues ha quedado exactamente  a un lado del muro divisorio.

PARA NADA LE HAGO SOMBRA AL SEÑOR CORTEZ

Pero, no es mi afán el día de hoy hacerle sombra al recién fallecido Alberto Cortez con un fusilaje de “Mi árbol y yo” (no sé por qué, pero a mí nunca me gustaron las canciones de este canta autor y tampoco como cantaba el oriundo de Argentina), sino hacer el panegírico del “Palo de Mulato”, que aquí sí, desde que yo me acuerdo ahí siempre ha estado. Y ya en muchas ocasiones se ha salvado de ser derruido, pero, en los últimos casi 40 años yo lo he defendido a troche y moche y ahí seguirá hasta que mis herederos quieran porque en tanto yo viva el árbol ahí permanece.

Y AHÍ ESTÁ, RAMIFICÁNDOSE SIN ORDEN NI PERMISO ALGUNO

El vecino se queja de “la basura que echa el árbol”, por lo que he tenido que cortarle algunas ramas del lado vecinal, pero el recanijo “mulato”, insiste en enviar ramas al vecino y ya hace algún tiempo que no he tenido que mandar a cortarle ramas. Orondo, mi árbol crece y crece en ramaje.

Precisamente ayer, estando con el maestro albañil que debe levantar un poco el muro limítrofe, le pedí respetara el ramaje, pero se atrevió a sugerirme si no consideraba mejor tirar el árbol y por la cara que debí haber puesto, el experto con la mezcla y la cuchara, a guisa de excusa me dice: “¡Es que no da nada! Y ¿A poco no le importa ganar espacio?”. A lo que agregué que más me importaba respirar oxígeno. A lo que el “maistro” reviró: “Bueno, es lo único que da”. Y vuelto a la carga le dije: “Bueno, trate usted de no respirar a ver cuánto tiempo aguanta”. Quiero pensar que respetuoso guardó silencio y comenzó a tomar medidas para permitir al “Mulato” seguir con su fronda.

En su momento, por motivos de seguridad debí poner protecciones de metal en esa parte, tuve que rodear el tronco de una de las ramas principales del  árbol y es tan maravillosa la naturaleza, que la parte metálica debajo de la rama ¡Ha quedado dentro de la misma!, o sea, embebida en la rama.

TODO UN UNIVERSO ESTE MAJESTUOSO ÁRBOL

Siempre que estoy ahí con mis libros me agrada ver todo el gran hábitat que es el árbol, pues tiene hormigas al por mayor y un sinfín de aves se van a dar un buen festín con los frutos que da. Como también hay hasta arañas en él.

¡A ULTRANZA HAY QUE SALVAR A LOS ÁRBOLES!

En pocas palabras, les sugiero que aprendan a defender a la madre naturaleza bajo toda circunstancia, sobre todo a los árboles, que son vida para toda la creación, pues aunque “solamente den oxígeno”, este producto es esencial en el sostén de todo ser vivo, incluidos nosotros los depredadores humanos. 

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