El Gobierno alemán ha rebajado de su crecimiento económico para 2019, del 1% (revisado en enero) al 0,5% del PIB. Es el segundo recorte, pues a finales del 2018 esperaban el 1.8%. Su ministro de Economía, Peter Altmaier, cree que se recuperará el dinamismo en 2020, hasta el 1.5%, y justifica la rebaja por la inseguridad ante el Brexit y las tensiones comerciales internacionales. Para ello invierten, a niveles récord, en infraestructura, educación e investigación y apuestan a las tecnologías de futuro, como la inteligencia artificial.

Desde la segunda parte del año pasado, la economía alemana está comenzando a sentir las tensiones comerciales a la que se ha unido una crisis industrial, sin precedentes en los últimos años. Está cayendo la tormenta perfecta sobre el poderoso sector del automóvil. A la caída de las exportaciones, los fabricantes están sufriendo la reconversión de la industria. Varios de sus gigantes automovilísticos como BMW, Volkswagen o Porsche se han visto obligados a detener la producción de algunos de sus modelos debido a la nueva homologación de consumos de combustibles. Por primera vez las fábricas en Alemania han comenzado a destruir empleo y dejar de renovar los contratos temporales.

Alemania es el país más exportador del mundo, con ello aporta el 86% del PIB. Y la clave son los automóviles, cuyas exportaciones anuales sobrepasan 200.000 millones de euros.

A final de año anterior esquivó por poco la recesión técnica, el PIB del último trimestre registró crecimiento cero, anualizado cerró con una expansión del 1,4%, por lo que ahora, si se cumple su previsión, se reduciría casi el 1%. El Bundesbank, su banco central, en su boletín mensual, indica que la economía creció durante el primer trimestre “moderadamente”, gracias a factores “extraordinarios” como los registrados en febrero en el “boom” registrado en el sector de la construcción.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.