La japonización Europea

La japonización no es el peor escenario posible para Europa ni muchísimo menos, según analistas europeos, y advierten de que posponer los ajustes provocará que cuando lleguen sean más bruscos. La japonización de Europa implicaría largos periodos con los tipos al mínimo, sin lograr que suba la inflación y con un crecimiento anémico mientras la población sigue envejeciendo.

El año 2018 acabó con fuertes caídas en bolsa. Sin embargo, parece que el tono en 2019 es mucho más positivo. La clave para que se pueda sostener ese entorno más constructivo es que después de la recuperación desde mínimos del 24 de diciembre los ánimos se han calmado. Aquí lo relevante es preguntarse si tras la caída del pasado, que fue muy similar a las de 2011 y 2016, se produce también una recuperación económica similar. Esa es la pregunta clave.

Si esta vez esto va a ser igual, algo ha cambiado. El ciclo económico está mucho más maduro y los bancos centrales ya han acabado con su política de máxima inyección. Aunque el BCE posponga las subidas de tipos o en Estados Unidos no se produzcan más subidas de tipos. Y está por ver si tendrá éxito el modelo en el que la economía crece mediante ajustes monetarios. Se ha habla mucho de si el BCE ha perdido la oportunidad de normalizar su política en la eurozona.

El BCE se ha metido en una trampa de la que tiene muy difícil salir. La japonización de Europa no es el peor escenario ni muchísimo menos. Más vale no ponernos en el peor escenario, pero el gran peligro es la adulteración de los tipos de interés a corto y a largo. Pensar que esto genera crecimiento puede evitar los ajustes, pero la economía necesita estos ajustes y si se van posponiendo cuando lleguen se producirán de forma más brusca. El principal perjudicado de los tipos en negativos es el sector bancario.

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