Buenos días…

11 SEÑALES DE QUE FUISTE CRIADO POR UNA MADRE MEXICANA
1.- Aprendiste que “no se dice “qué”, “se dice “mande”.
2.- Sabes que tu buena conducta está siendo evaluada por seres sobrenaturales. Los Reyes Magos, Santa Claus, el ratón de los dientes y demás entes paranormales están observándote. Siempre, no importa si falta medio año para las fiestas de Navidad o si ya terminaste de mudar dientes. Ay sí eso no fuera poco, tenemos al Coco, que, aunque nadie tiene muy claro qué o quién es, desquita su ira contra los niños que no se quieren ir a dormir.
3.- Aprendiste lo importante que es la sopa. Si no te terminas la sopa: no te levantas de la mesa, no hay postre, no sales a jugar, no hay regalo de cumpleaños y, para acabarla no vienen los Reyes Magos. A esa tortura súmenle el recordatorio constante de los miles de niños que se están muriendo de hambre alrededor del mundo y que darían lo que fuera por tener tu sopa.
4.- Aprendiste que a veces es necesario insultarte a ti mismo para enfatizar tu enojo. Como consecuencia del florido lenguaje mexicano y su costumbre de darle carácter de comodín a la palabra madre. No hay madre mexicana a la que no se le escape un eventual: “¡Hijo de la Q”#%&!”, al calor de una discusión. Ante esta situación evita reírte… sólo atizarás el fuego.
5.- Desarrollaste un miedo irracional al señor de la basura. Por lo menos una vez tu mamá te ofreció como regalo al señor de la basura, o al señor del gas o a cualquier inocente con la fabulosa frase: “¿Verdad señor que usted se lleva a los niños que se portan mal?”. Con el consecuente regocijo de dicho personaje que siempre responde afirmativamente.
6.- Aprendiste a curar miles de malestares con pocos recursos. No hay mal que no sucumba ante el poder del té de manzanilla, el té de buganvilia, la sal de uvas, el bicarbonato, el árnica, el mezcal, el VapoRub, un hilito rojo o la combinación de dos, tres o todos estos elementos. Si todo falla, siempre está el “cajón de las medicinas”.
7.- Aprendiste quebrados antes de tus clases de matemáticas en la escuela. A todos nos ha tocado recibir una letanía que involucra los famosos “ocho cuartos”, cuyo verdadero significado y relevancia matemática parece ser dominio exclusivo de las jefas. Los ocho cuartos sirven para contrastar todo lo que, para tu mama, son artes oscuras e indignas del espíritu humano: “Qué fiesta ni que ocho cuartos”, “qué novia ni que ocho cuartos”, “que cerveza ni qué ocho cuartos”, “qué Nintendo ni que ocho cuartos”, y así.
8.- Aprendiste a definir tu casa por lo que no es. Porque no es hotel, no es bar, no es restaurante (te comes lo que hay) y no es un centro social. Después de todo “no te mandas solo”, “a esta casa me la respetas” y “ya harás lo que se te pegue la gana cuando tengas tu propia casa”… “ya no quiero tener a tus amigos aquí todo el santo día ¿Qué no los quieren en su casa?”.
9.- Alguna vez te mandaron por una ramita de “tenme acá”. Algunas ocasiones nos mandaron por la dichosa ramita (siempre en resguardo de abuelos, tíos o algún otro familiar). El objetivo es deshacerse del chamaco por un rato sin que éste se dé cuenta que su ausencia es requerida.
10.- Sabes remedios para enfermedades que no entiendes. Sabes que el mal de ojo se evita con una prenda roja o con un ojo de venado, es espanto se cura con una limpia y es muy posible que alguna de tus abuelas te haya curado de empacho jalándote endemoniadamente la piel de la espalda. Que es qué es el mal de ojo… es todo un misterio.
11.- Aprendiste a valorar todos los sacrificios e historias que tu mamá hizo por ti para hacerte una persona de bien y de provecho. Después de todo… “¿Quién te va a querer como te quiere tu madre?”.
¿Con cuáles te identificaste?

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