Seguro has comido los “volovanes gigantes del centro”, pero no te sabes la historia (FOTOS)

Christian Valera Rebolledo

El reloj marca las 13:30 horas, es miércoles y en la esquina de la avenida Independencia y la calle de Arista pareciera haberse registrado un accidente. Corriendo me acerco pero no, no se trata de ningún accidente o señora desmayada, es don Fermín Mendoza atendiendo sus canastos de volovanes gigantes.

Poco a poco gano espacio y me cuelo entre la gente, “buenas tardes señor soy reportero de El Dictamen y quisiera que me platicara por qué tiene usted tanta gente acumulada”, le suelto la invitación a una entrevista un tanto tropezada, mientras él entrega bolsas de papel a cambio de monedas y billetes.

Foto: Christian Valera Rebolledo

Sonrisa en rostro me explica, “es porque tenemos muchos años aquí y a la gente le gustan nuestros volovanes, son grandes, llaman la atención y tienen muy buen sabor”, la entrevista transcurre con cortes de comunicación debido a que la llegada de clientes no da tiempo para atender muy bien a un periodista en ese momento.

Don Fermín Mendoza y su esposa doña Diana Robles, se dedican a la venta de volovanes desde hace 30 años. / Foto: Christian Valera Rebolledo

Con marcapasos en el corazón don Fermín explica que por las tardes es él quien atiende los canastos de volovanes, ya que por las mañanas es su esposa doña Diana Robles quien hace lo propio; de ahí que los veracruzanos ubiquen a uno o al otro según las horas en que acudan por su hojaldrilla rellena.

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Antes contaban con un punto de más de venta ubicado en las inmediaciones del extinto Penal Allende, de ahí que muchos los ubican como los “Volovanes del Penal” a pesar de venderlos en el corazón del centro histórico. Y, pese a las buenas ventas, los mejores tiempos para este matrimonio de volovaneros parecieran haber pasado.

Foto: Christian Valera Rebolledo

“El problema es la economía. Aquí cuando se abrió Plaza Las Américas el centro histórico se fue para abajo, nosotros vendíamos el doble de lo que vendemos ahorita. Ahorita vendemos como 200 piezas. Sí, se parten porque como son grandes en comparación a los que venden los demás compañeros”.

Foto: Christian Valera Rebolledo

Volovanes los hay de choriqueso, de atún, pollo, piña, hawaiano, de frijol con chorizo, pastor con queso de hebra, jamón y queso prhiladelphia, jamón con queso y chorizo, jamón con queso y tocino; y de hojaldras también hay variedad, todas de jamón pero con queso y piña, queso azucarada, queso y champiñón, y queso y chorizo.

Dos canastos, una hielera, una sombrilla y un banco, son los implementos que el matrimonio necesita para dar paso a la venta de sus volovanes. /  Foto: Christian Valera Rebolledo

“Un volován chico vale 20 pesos, uno grande vale 30 y ese lo vendo entero y si los clientes quieren yo se los parto, y las hojaldras a 18 y también están grandes. Estoy aquí desde hace 30 años, antes también teníamos en el penal pero pues desapareció porque el penal también lo quitaron”.

Foto: Christian Valera Rebolledo

La llegada de más y más clientes, quizá por la cercanía con la Catedral de Veracruz y las celebración de La Guadalupana, dificultan cada vez más la entrevista. Me despido de don Fermín quien apurado me dice “gracias por venir, me dio gusto, ojalá regreses para que pruebes mis volovanes”, apresuro el paso y volteo, la esquina literalmente es un enjambre.

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