Zumby Pixel

Esperanzas y temores en la era de la administración del presidente López Obrador

No solo cabe desear a esta administración lo mejor. Lo que cabe es crear movimientos ciudadanos que sean los responsables de cautelar el cumplimiento de las promesas con su activa participación.

Publicado Hace 14 días el 04 de Diciembre de 2018

por

Observe con alegría las ceremonias de asunción de la presidencia del nuevo presidente de México. Las ceremonias públicas con gran participación popular demostraron la gran fe y esperanza que existe por parte del pueblo mexicano de un futuro renovado y de justicia para los más postergados. La alegría demostrada por la sociedad social diversa y pluralista es manifestación de la frustración creciente de la mayoría, así como de la firme creencia de que los cambios prometidos podrán ser concretados. Por otra parte, los comentaristas y académicos observadores de la realidad nacional, a través de los medios de comunicación que llegan a los EE. UU., ofrecieron una visión más moderada y cautelosa acerca de las limitaciones y barreras que la nueva administración encontrara en el cumplimiento de su ambicioso programa de gobierno.

Como académico y observador de la realidad latinoamericana, así como de mi experiencia de vida en nuestra región, debo coincidir con parte de los dichos expresados por tales expertos.

Permítanme ofrecer mis dudas, así como mi optimismo ante los que se percibe como una nueva realidad. En primer término, los pueblos de nuestra región han vivido gran parte de su historia a la espera de gobiernos que ejerciten su poder en mejorar sus condiciones de vida. Cuestiones tales como acceso a un sistema de salud eficiente y eficaz, una educación que permita igualdad de oportunidades para todos sin excepción, trabajo digno y remunerado de manera tal que permitan sostener hogares en los cuales haya acceso a los bienes necesarios no solo para subsistir, sino para mejorar las condiciones de vida. Eso es lo necesario, pero no suficiente. El ciudadano anhela ser tratado con dignidad e igualdad; es decir que la burocracia federal y estatal trabaje para el ciudadano y no lo opuesto. Que sus representantes realmente representen las necesidades de estos, no las necesidades personales de los políticos. Que la defensa de los derechos laborales, políticos, culturales y económicos de todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas sean preservados y respetados, castigando a aquellos que vulneran tales cánones. En fin, lo que el ciudadano pide es el ejercicio irrestricto a la democracia sin apellidos y distinciones. La antigua noción de algunos más iguales que otros es la que está en entredicho desde hace mucho tiempo.
Sin embargo, la historia demuestra una trayectoria diferente. Demuestra la decepción de las promesas incumplidas. Demuestra el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría y el enriquecimiento de una minoría a costa del sacrificio y candidez de la mayoría. Demuestra que las elecciones presidenciales han estado repletas de promesas de cambio y mejora para aquellos que con su trabajo y esfuerzo no pueden llegar a ningún lado. Demuestra el creciente deterioro del contrato social nacional y la fragmentación causada por la corrupción, impunidad y desprecio por el ciudadano común. Tal es el substrato de los anhelos en la nueva administración. La tarea por delante es gigantesca y no es fácil.

Lo que no se dice públicamente pero que hay que tener valentía para expresarlo es que también existen fuertes dudas de las buenas intenciones de aquellos que van a ocupar puestos de responsabilidad para ejercer las tareas de transformación de del sistema imperante. La ciudadanía se pregunta cuántos de ellos formaron parte del mismo sistema que hoy quieren cambiar. Que se puede esperar de los funcionarios que en el pasado fueron testigos silenciosos de los malos manejos y de la incompetencia que permeo al aparato del estado, y los abusos de un sector privado que se coludió con los gobiernos en turno para sus propios beneficios. No solo se debe hablar de transparencia sino de pulcritud, honradez y entrega al servicio público por parte de todos. Se deben crear mecanismos de supervisión y extremos cuidados en la forma en que los dineros del pueblo son manejados para beneficio de este y no de los funcionarios y gestores de la cosa pública.

No solo cabe desear a esta administración lo mejor. Lo que cabe es crear movimientos ciudadanos que sean los responsables de cautelar el cumplimiento de las promesas con su activa participación. Es tarea de todos.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

- US -