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Cambio de piel institucional y personal

Se termina la ineficiencia, el boato y el desperdicio.

Publicado Hace 14 días el 04 de Diciembre de 2018

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Hay a quiénes “todavía no les cae el veinte” (expresión popular a la que conviene acostumbrarse), acerca de lo que significa el radical cambio de régimen político que empezamos a vivir, y se comportan como antes, aunque cualquiera medianamente inteligente sabe que hasta los animales practican el mimetismo para pasar desapercibidos ante el peligro que significa lo extraño, lo diferente, lo nunca visto. Es incuestionable que el verdadero cambio llegó y no solo es institucional y público, sino personal y privado; no se trata solo del cambio de funcionarios, sino del comportamiento de todos y cada uno de nosotros.

Cierto es que a los “funcionarios” se les va a exigir simplemente que hagan honor a su cargo y que “funcionen”, que dejen a un lado el tortuguismo, el lenguaje rebuscado y la exquisitez, porque de momento se hizo la luz y se descubrió que se les paga con dinero del pueblo, y van a tener que cumplir con sus “funciones” o dejar el puesto a los miles que lo anhelan y están más preparados, no solo académicamente, sino con una verdadera actitud de servicio. Ya basta de “darle el avión” a quiénes les pidan algo justo. Una desafortunada fotografía, una expresión mal interpretada o el acostumbrado trato despótico, bastará para que se pida su destitución. Tomará un poco de tiempo, pero no mucho y así mediremos su inteligencia natural.

A quiénes les gusta lo extranjero pueden comparar lo que empezamos a vivir con el movimiento #Me Too, iniciado de forma viral como hashtag en las redes sociales en octubre de 2017 para denunciar el acoso sexual, que acabó con la vida profesional y política de tantos abusadores. Hay que olvidar al “Antiguo Régimen” (Del francés: “Ancien régime”) como llamaban los revolucionarios franceses al sistema de gobierno anterior a la Revolución francesa de 1789 (la monarquía absoluta de Luis XVI), y que se aplicó también al resto de las monarquías europeas cuyo régimen era similar. Nosotros, como siempre, llegamos tarde a la fiesta, pero llegamos.

Así que quiénes tienen un cargo público debe ir revisando su comportamiento, su forma de vida, su trato a los demás, y demostrar que el cargo que tiene lo merece, que no es producto del “amistoso dedazo” o del nepotismo. Tienen que ocuparse y preocuparse más de todo, porque nuestro atraso es ancestral. Y no está de más, “bajarle unas rayitas” a la prepotencia y ser más eficientes, la consigna es la que siempre debió haber sido: HACER MÁS CON MENOS.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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