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La novela revolucionaria

El campo de batalla se derramaba la sangre en cruentos enfrentamientos

Publicado Hace 24 días el 24 de Noviembre de 2018

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Nuestro país vivió una etapa de luchas armadas de 1910 a 1920 aproximadamente, aunque no existe un consenso sobre cuándo terminó el proceso revolucionario. Algunos historiadores lo sitúan en el año de 1917 con la proclamación de la Constitución Mexicana, otros en 1920 con la presidencia de Adolfo de la Huerta, y algunos más en 1924 con la de Plutarco Elías Calles. Incluso hay fuentes que aseguran que el proceso se extendió hasta el año 1940.

Mientras en el campo de batalla se derramaba la sangre en cruentos enfrentamientos por el ideal de un proyecto de nación donde tuvieran cabida los sectores más desprotegidos de la población, otros hombres también aportaban a esta lucha con su pluma para dejar una huella de las vivencias, de los sufrimientos, de las costumbres y hasta del lenguaje, de quienes protagonizaron el movimiento revolucionario.

Con narraciones tan descriptivas que retratan aspectos sociológicos que a la historia se le escaparon, como la marcada división de las clases sociales, los padecimientos cotidianos de los soldados, el papel de las mujeres que los seguían fielmente para atenderlos, los miedos de los civiles enlistados en las filas sin saber disparar un arma o las largas jornadas levantando y sepultando cadáveres. Gracias a estos testimonios nació el género literario de la “Novela Revolucionaria”.

Esta poderosa narrativa se construye a partir de hechos reales mezclados con la ficción, donde cada autor imprimió su sello particular según su percepción del dolor, del odio, de la esperanza, de la solidaridad, con retratos violentos y descripciones ordinarias, que antes no habían sido tocados por la literatura, dando voz a los sectores populares humillados por el poder de las clases altas, dejando como legado un nuevo género literario.

Dignos representantes de la novela revolucionaria son Francisco L. Urquizo, Martín Luis Guzmán, Gregorio López y Fuentes, José Vasconcelos y Mariano Azuela entre los más destacados.
Mariano Azuela (1873-1952) fue médico cirujano, crítico literario y escritor, incursionó en el teatro, el cuento, el ensayo crítico y la novela. Se le conocen 25 obras entre las cuales sobresalen Mala yerba, Las moscas, La malhora, La Luciérnaga, Esa sangre y Los de Abajo, ésta última es un ícono de la Novela Revolucionaria.

Francisco L. Urquizo (1891-1969) fue militar revolucionario, escritor e historiador, articulista en importantes periódicos de México, principal autor de la novela revolucionaria de este género con Tropa vieja, la cual escribió en el exilio. Urquizo nos dejó una producción de 34 obras conocidas además de sus ensayos periodísticos.

Martín Luis Guzmán (1887-1976), periodista, diplomático, intelectual y literato; sus obras de corte revolucionario más destacadas son El águila y la serpiente basada en las luchas civiles de México, y La sombra del caudillo, análisis de la crisis política mexicana. Nos legó cinco obras más de gran importancia.

Gregorio López y Fuentes (1895-1966), incursionó como periodista y escritor con novela, poesía y crónica de la Revolución Mexicana desde la edad de 15 años, más tarde empezó a escribir para el periódico El Universal con el seudónimo “Tulio F. Peseenz”. Su obra de corte revolucionario ganadora del Premio Nacional de Literatura es El indio, traducida al idioma inglés en 1937. Cuenta con 9 obras publicadas.

José Vasconcelos (1882-1959) fue abogado, educador, político, escritor, diplomático y filósofo. Con obras donde describe el porfiriato y el proceso revolucionario. En su obra autobiográfica Ulises Criollo, ubicada en la época revolucionaria Vasconcelos da a conocer las relaciones fundamentales entre el gobierno y los ejércitos revolucionarios, donde entrelaza sus recuerdos personales con aspectos poco conocidos de la Revolución Mexicana haciendo una crítica al movimiento y a sus figuras principales.

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