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Huellas

Las huellas plasmadas en la superficie física
Foto: Agencias

Publicado Hace 26 días el 17 de Noviembre de 2018

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Sobre el tegumento de los muros descansan las imágenes de quienes quisieron dejar plasmada su memoria plagada de distintos mensajes, con tintes políticos, con voces que protestan, con afán de trascender; éstas son las más, pero hay una línea que las separa de las creaciones verdaderamente importantes plagadas de la esencia artística que su autor imprimió al plasmarlas aquí, en las murallas que hoy el tiempo y el desconocimiento las oculta de las miradas y la memoria de los que habitamos esta ciudad.

Algunas paredes y muros citadinos quieren decirnos algo, lo han intentado durante muchos años sin ser escuchados, sin que su pétrea voz alcance a penetrar nuestros sentidos, vislumbrando el tesoro que sobre su mineralizada piel descansa en espera de nuestra curiosa mirada. El paso cotidiano frente a ellos pareciera volverlos invisibles, mudos bajo protesta, algunos ya casi agonizantes por el descuido y nuestra indiferencia.

Al igual que las huellas plasmadas en la superficie física, hay marcas que inmateriales, etéreas, que se llevan en el interior, en lo más íntimo del ser para determinar lo que somos y lo que damos como personas, reflejos de la esencia espiritual, de lo positivo o de lo negativo que se enclavó en la memoria para definir nuestra vida.

Murales en los que se plasma la existencia, con los colores más brillantes se pinta el día a día, azules con pedazos de cielo matutino, tonos rojos y naranjas salpicados por el pincel de las emociones y el amor, franjas de gris o negro parecen oscurecer el panorama que se aclara con el blanco de la felicidad, la ternura del rosa brota siempre de las risas infantiles, de las palabras paternas, de los consejos de la madre.

Días con tonos claros y serenos iluminan la superficie, los amigos dan los brochazos de tonos pastel a cada tarde de convivencia, el verde aparece apoyando esos planes que se pintarán en el futuro, con púrpuras marcamos las reflexiones, con visos que van del amarillo al marrón delineamos el esfuerzo continuo que nos hace avanzar, enmarcando el contorno de esta bella obra con el carmín del corazón.

Huellas son también las que dejamos al paso por esta vida, nuestro andar va marcando el sendero, lo va haciendo propio y único con un rastro difícil de igualar, cada segundo transcurrido en nuestra existencia renueva el anterior, lo que dará un toque particular a cada quien y lo distinguirá con un sello fácil de identificar. Estas marcas personales son parte de la historia de vida de todos y cada uno, huellas plasmadas para siempre.

Cuando hayamos cumplido con la misión que el universo nos confirió en este mundo, ya no seremos materia ni voz escuchada, sólo palpable recuerdo que emana de la huella heredada. Si la hemos dejado definida evocará las experiencias de vida que nos anclaron a este mundo, no será opacada por otras pisadas ni se derretirá como la que se plasma sobre la nieve, las que el mar caprichoso borra en segundos sobre la arena, ni la efímera que queda sobre el agua tras el nado del cisne, tampoco como las que el viento aniquila en las desérticas dunas, será como la que horada la gota tras la constancia, profunda y eterna.

Sólo el buen caminante deja huellas bien marcadas, saber deambular sin tropiezos, con paso firme y equilibrado para sortear las piedras que se atraviesan en el camino sin importar el tamaño, esquivando zanjas y saltando riachuelos hasta llegar al final de la vereda que contemplamos al voltear la mirada, ávidos de descansar tras el trayecto recorrido, reconociendo las huellas que el tiempo ha incrustado en la piel, joyas de la vejez, plenitud alcanzada.

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