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Dejemos de hinchar

El comentario de Ángel Palma en El Dictamen.

Publicado Hace 12 días el 27 de Noviembre de 2018

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Los reflectores apuntaron a Argentina por el duelo entre River Plate y Boca Juniors. Apenas se supo que estos acérrimos rivales definirían el título de la Copa Libertadores, corrieron ríos de tinta encumbrando la pasión de ambas aficiones, al grado de remarcar que una final de Champions League entre Real Madrid y Barça no estaría a la altura de lo que representaba este enfrentamiento, tal vez una final de Copa del Mundo entre Argentina y Brasil podría equipararse.

Sin embargo, entre tantas líneas que se escribieron, había romanticismo, por no decir ingenuidad, ante el contexto de violencia en todos los equipos de fútbol argentinos. Dicho romanticismo desvió las miradas de la problemática alrededor de los grupos de animación en el país sudamericano; llamarles grupos de animación, hinchada o barras bravas es un eufemismo pues realmente son grupos de choque al servicio de directivos y políticos que hoy aprovechan un sistema beneficiado de la perversión del concepto de afición y los valores deportivos; ahora, es importante no caer en el error de victimizar a estos grupos al ser utilizados por individuos con poder político, pues estamos hablando de grupos cuyos líderes son criminales que amenazan y extorsionan a jugadores y a dirigentes y que, aprovechando la necesidad de pertenecer, siguen adoctrinando jóvenes para conseguir monetizar esa pasión rebasada, en la que las víctimas mortales no tienen el eco que esperaríamos.

En resumen, perdón si exagero al generalizar, la violencia es el día a día del fútbol argentino y era evidente que “La Final del Mundo”, como bautizaron diversos medios, no se iba a llevar en paz; incluso, hoy es muy posible que no se juegue el partido de vuelta en el estadio Monumental.

Trasladándonos a México, tras las agresiones de aficionados de River Plate al camión de Boca Juniors, el hervidero en que se convirtió Twitter expresó indignación pero también muchas voces que, en resumen, decían: “No nos escandalicemos, también pasa en México”.

En Argentina no sé qué van a hacer para arreglar su situación, pues las campañas de propaganda ya no son suficientes y quedarán como bonitas piezas audiovisuales que tocan el corazón de quien aún reconoce que el fútbol solo es un juego; pero en México, reconociendo que se dan actos violentos, estamos a tiempo de tomar medidas para debilitar paulatinamente a los grupos de animación y digo debilitar porque no me imagino al valiente que se atreva a quitarlos de raíz, cuando representa privarlos de un negocio con reventa de entradas, drogas, bebidas alcohólicas y hasta prostitución.

Los directivos mexicanos, espero, tomarán medidas y mientras, en el entorno mediático podemos empezar por “desargentinizarnos” al cambiar el “hinchar” por apoyar, el “barras” por porras y los cánticos bélicos por canciones con el típico ingenio mexicano o hasta el “Sikitibum”, el punto es que en nuestros estadios podamos seguir conviviendo en familia.

Twitter: @angelpalma1

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