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La tolerancia, ni indulgencia ni indiferencia: respeto

La injusticia, la violencia, la discriminación y la marginalización son formas comunes de intolerancia, sin embargo, la educación es un elemento clave para luchar contra estas formas de exclusión
Foto: Agencias

Publicado Hace 6 horas el 16 de Noviembre de 2018

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  • Este viernes se conmemora el Día Internacional para la Tolerancia
  • Ignorancia contribuye a que intolerantes defiendan argumentos de manera sesgada

Christian Valera Rebolledo 

Este viernes se cumplen 23 años de que Organización de las Naciones Unidas (ONU), determinó conmemorar cada 16 de noviembre como el Día Internacional para la Tolerancia y, dos décadas después, la sociedad mexicana continúa trabajando de forma diaria para adoptar dicha actitud.

Yeraldine Quiñonez, Psicóloga Clínica y Terapeuta Cognitivo-Conductual por la Universidad Central de Venezuela (UCV), explicó que la tolerancia es fácil de detectar y se da cuando una persona no acepta ni respeta que otros sean diferentes a él, que piensen diferente a él; ese, es el fundamento principal de la intolerancia.

“La ignorancia ayuda a que el intolerante se pare en su esquina y diga esto es así porque yo lo digo, y lo va a defender aunque tenga información fidedigna que refute eso. Es ahí donde como sociedad, en México o Latinoamérica, debemos trabajar, hay avances sí pero aún falta camino por recorrer”.

De acuerdo con la ONU la tolerancia debe tomarse no solo como un deber moral, sino como un requerimiento político y legal para los individuos, los grupos y los estados e, incluso, la sitúa en el marco del derecho internacional sobre derechos humanos, elaborados en los últimos cincuenta años.

Yeraldine Quiñonez Psicóloga Clínica y Terapeuta Cognitivo-Conductual, por la Universidad Central de Venezuela. / Foto: Christian Valera Rebolledo

La injusticia, la violencia, la discriminación y la marginalización son formas comunes de intolerancia, sin embargo, la educación es un elemento clave para luchar contra estas formas de exclusión y ayudar así a los jóvenes a desarrollar una actitud independiente y un comportamiento ético. La diversidad de religiones, culturas, lenguas y etnias no debe ser motivo de conflicto sino una riqueza valorada por todos.

“Ser tolerante es poder compartir en los espacios que sean aún cuando podamos tener maneras de ver el mundo completamente distintas sin que eso comprometa mis valores, porque hay personas que piensan que si aceptan que aquella persona tiene razón o aceptan su manera de pensar se convierten en alguien igual que él, y no se trata de negociar los valores sino de respetar que la otra persona piensa distinto que tú”, explicó la especialista.

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Para la Psic. Yeraldine Quiñonez mucha de la lucha contra la intolerancia toca a los gobiernos quienes tienen en sus manos el poder y la obligación de generar políticas públicas encaminadas a los derechos humanos, así como prohíbir los crímenes y las discriminaciones contra las minorías; de la mano garantizar acceso igualitario a la justicia, responsables de derechos humanos y defensores del pueblo.

“El límite está cuando tolerar implica negociar mi dignidad y mis valores, si el hecho de tolerar algo va en contra de mis derechos, derechos humanos, ese es el límite”, comentó.

De forma paralela, cada uno de los miembros de la sociedad tiene en sus manos el ejercicio y la obligación de trabajar en su inteligencia emocional afín de generar las herramientas necesarias para ser individuos no solo tolerantes sino respetuosos -siempre de la mano de especialistas en la materia como lo son los psicólogos o terapeutas-; aunque también hay registro de avances significativos en la construcción de inteligencia emocional de forma independiente y autónoma.

“Independientemente de que estemos sometidos a presión social, la manera en que yo reacciono a los ataques es mi responsabilidad. Entonces la invitación es a desarrollar la inteligencia emocional a través de estrategias que puedo encontrar en psicoterapia o con estrategias personales que mejor me funcionen”.

Sin embargo, cada individuo debe aprender también a no confundir la tolerancia con la sumisión toda vez que son cosas completamente distintas: “porque la respuesta debería ser una respuesta asertiva, adecuada, donde yo digo de forma responsable cómo me estoy sintiendo; si yo tengo una respuesta asertiva ante un ataque, mi respuesta asertiva está invitando a una tolerancia y a un respeto”.

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La intolerancia en la sociedad es la suma de las intolerancias individuales. Por eso, debemos examinar nuestro papel en el círculo vicioso que lleva a la desconfianza y violencia en la sociedad y preguntarnos: ¿soy una persona tolerante? ¿Juzgo a los otros con estereotipos? ¿Rechazo a los que me parecen diferentes?. Todo empieza en el núcleo familiar.

“La tolerancia se cultiva en el hogar, en principio, nosotros como formadores, padres, madres, abuelos, tíos, tenemos maneras de reaccionar ante la diferencia, en las mismas discusiones o conversaciones dentro del hogar yo establezco que no pienso igual al otro y la manera en que establezco eso invita a la tolerancia. Si en mi hogar no hay respeto y no se aceptar la diferencia inmediatamente todo eso se propaga a las demás áreas de mi vida”.

COMUNIDAD LGBT+

En tanto, quizás una de las minorías más azotadas por la intolerancia -que casi siempre va de la mano de la discriminación- es la LGBT+ y precisamente en el marco del Día Internacional para la Tolerancia es la directora general de la asociación civil “Almas Cautivas”, Ari Vera Morales, quien alzó la voz:

“Pensar en la palabra tolerancia para el colectivo LGBT hay opiniones encontradas. Algunas personas reconocen a la tolerancia como una virtud, es decir, aquella persona que dentro de su desacuerdo, dentro de sus creencias religiosas, dentro de su propia percepción sobre personas o asuntos, tolera convivir con las personas LGBT, socializar en el mismo espacio, podría ser considerado una virtud el ser tolerante”.

Ari Vera Morales, activista y directora general de la asociación civil “Almas Cautivas”. / Foto: Christian Valera Rebolledo

Entrevistada telefónicamente desde Washington D.C., la activista veracruzana destacó lo más importante para el colectivo es salvaguardar la seguridad, el bienestar y la inclusión de las personas LGBT+ y, si este estado de bienestar proviene desde la tolerancia, es bienvenida.

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“También puede ser visto como un valor inherente que las personas aprenden para socializar y convivir en paz. Por otro lado hay personas LGBT que se oponen a este concepto pues pareciera una actitud denostativa. El tolerarte es como forzarme a convivir contigo y de alguna manera despreciativa. En mi opinión, si las personas aplican la tolerancia en su vida cotidiana y eso provoca que no se agreda físicamente, no se violente, no se discrimine, pues bienvenida la tolerancia”.

Lo que sí, -refirió-, México y otros países latinoamericanos aún deben trabajar en su percepción y autocontrol para que las generaciones transiten a un nuevo paso: la aceptación; sin embargo, consideró que por el momento la tolerancia abona -sin duda alguna- a que exista un estado de igualdad.

Finalmente, recordar que la tolerancia nos da la oportunidad de aprender de otros al mismo tiempo que respetamos y valoramos nuestras diferencias religiosas, raciales, éticas o de género.

Celebrar el legado y la identidad de cada quien es una forma de reconocer estas diferencias y su derecho a existir. Sin duda, la tolerancia -de alguna manera- nos hace libres de ser quien somos sin ser susceptibles a marginación, discriminación o violencia.

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