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PARA TI…

Por: MARTHA ELSA DURAZZO/El Dictamen

Publicado 28 octubre 2018 el 28 de Octubre de 2018

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Por: MARTHA ELSA DURAZZO/El Dictamen

Nos alejamos de octubre… Días saturados de días con lluvia y norte, la semana precedente… Otoño… Hoy gracias a este espacio que nos brinda EL DICTAMEN, Decano de la Prensa Nacional, te presento una autora: Lupita Hernández Rivera, del Norte del Estado de Veracruz.

Hasta la próxima, D.M.

MARÍA GUADALUPE HERNÁNDEZ RIVERA

Licenciatura en Administración de Empresas. Coordinadora de Escritores Veracruzanos en Naranjos, Ver. Fundadora de la Revista Literaria “TRAZLUZ” en Poza Rica, Ver. Ha realizado artículos de diversos temas y crónicas culturales en algunos medios impresos (periódicos, revistas) de la región norte de Veracruz. Diplomado en Creación Literaria en la UV campus Poza Rica, en coordinación con la UNAM. Cofundadora de la Revista Literaria “Río de Azahar” en Naranjos, Ver. Libro: “Puros Cuentos”. Participación en la antología poética: “Río de Azahar”. Participación  en una antología de poesía: “El Subsuelo y la Luz” editado por la Unidad de Servicios Sociales y Culturales de Pemex. Ex directora de las Casas de cultura en Naranjos y en Poza Rica, Ver.

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LAS AVENTURAS DE LA MADRE AMANDA

Crónica de una Confesión Prohibida

Lo que sucede en los corazones de las personas solo ellos lo saben, incluso si pertenecen a una orden religiosa, como a continuación describo la vida intensa de la Madre Amanda, con la cual cursé el sexto grado de primaria, en mi natal pueblo:

      Ir al “cole” como decimos, es vivir una “Amandaaventura”, desde la entrada al salón de clases grado sexto “A”: dedicamos una hora de lectura de Biblia, media hora de cantos religiosos y finalmente pedimos  perdón por los pecados: de la gula, envidia y el pecado de la “carne”, ese último, no alcanzo a entender su significado ¿no debo comer carne de ningún tipo?

      Quiero  puntualizar que la madre Amanda es una mujer de tez morena, baja estatura, de edad madura y carácter fuerte, pertenece a la orden de Santa Teresa de Jesús.

     Después del ritual, nos formamos en una  fila, dentro del salón de clases, para comprarle de manera voluntaria, casi obligatoria,  la “paletita de dulce”, que es una bola roja de caramelo macizo, envuelto en papel celofán; a continuación nos da un temario para estudiar, el cual cuesta unos cuantos pesos,  sin embargo es bastante,  lo considero un gasto extra, y para la impresión del  examen también hay que desembolsar unas monedas. Aquí me parece que la fe tiene un precio.

      10:00 a.m: Vemos cruzar a lo lejos, por el estacionamiento, a la cocinera de la residencia de las monjas: Flor;  la Madre Amanda sale presurosa del salón de clases, para alcanzar a la cocinera, sabemos de  buena fuente que le encarga ingredientes y elementos para que le prepare platillos especiales, la madre padece de  un apetito voraz.

     10:30 a.m: La Madre Amanda, dispone su mochila y guía de estudios, para  salir con todo el grupo a un “día de campo”;   vamos a buscar la orilla del río “Tancochín” o un parquecito con juegos infantiles y  entre los pastos,   columpios y  resbaladillas, leemos la historia de México, hacemos los exámenes y mientras tanto, felices por tener una Madre a toda “M”.

     12:30 p.m: Se anuncia la hora del retorno al “cole”, no sin antes hacer la parada “oficial” a la paletería “Tlalpeña”, ubicada en el centro del pueblo, compra obligada de una paletita ahora de hielo, como dice la Madre; mientras nosotros nos refrescamos con la paleta, ella se va a la parte trasera de la tienda, con Yino, el dueño del negocio, este es un tipo que no rebasa los veintidós años, güero de ojos verdes y de carácter apacible; la Madre cuenta que está catequizando a Yino para que haga la Primera Comunión.

     Nosotros vemos con buenos ojos, esta caridad de la Madre, hacia Yino.

     La Madre nos anuncia que pidamos permiso a nuestros padres, para hacer un viaje tipo excursión, a la sierra  más cercana,  para conocer  el municipio de San Nicolás  y a los padres de un par de hermanos, compañeros de salón de clases, cuyo papá es  el alcalde del pueblo.  Algunos padres de familia, se opusieron. Sin embargo la madre Amanda, viaja con los que tenemos permiso, es un trayecto tranquilo y placentero, sin embargo a la hora del regreso, a la Madre Amanda, se le ocurre una “excelente”  idea: deja pasar todas las salidas de los autobuses, para esperar que Yino, cierre sus negocios de paleterías en todos los pueblos de la sierra.

     11:00 p.m: Un frío infernal, hambre y sueño, es lo que ya siento  a esa hora de la noche, y Yino no cierra  su negocio, cuando por fin lo hizo, se percata de que no cabemos  en su carro, así que los niños y niñas viajamos en la parte trasera de una camioneta que va  de pueblo en  pueblo, recogiendo los carritos de paletas; no hay manera de comunicarnos con la familia, el miedo nos abraza. La Madre viene  muy feliz, adelante como copiloto de Yino, al que  catequiza para que haga su Primera Comunión.

     23:00 hrs: Estamos llegando al colegio, las mamás de todas están reunidas,  en la institución, la Madre Superiora no sabe qué hacer, porque piensan  demandar  a  Amanda;  la veo tan ajena a este problema, baja muy contenta de la camioneta, despide a Yino, saluda a las mamás, con un: ¡buenas noches! y dispone retirarse a sus habitaciones.

      Claro, se hizo un escándalo ¡mayúsculo!, por este viaje,  la Madre Amanda, está con un pie fuera del colegio, y  hoy en la mañana,  al final de nuestras oraciones, embistió a las mamás inconformes, por tanto libertinaje de parte de ella,   pidiendo por el perdón de nuestros pecados: el de la gula, lujuria  y el de la carne; y  por las “víboras ponzoñosas” malas madres, etc. etc. que la están atacando “injustamente”. Y ya de paso, para completar, este día no salimos a tomar nuestras clases extramuros, “había que guardar las apariencias”, según supe tiempo después…

     “Han pasado los años, soy una mujer casada, profesionista y hoy precisamente, después de mucho tiempo, voy a reunirme con algunos de esos ex compañeritos del  colegio, tal vez recordaremos algunas de las “Amandaventuras”, ahora sin la Biblia en mano, la paletita de caramelo rojo, ni la de hielo y Yino, solo como un vago recuerdo”.

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