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Más allá de la Teoría del big bang

En innumerables ocasiones he escuchado a mis alumnos universitarios cuestionar, con una actitud pre-reflexiva y pesimista

Publicado Hace 3 horas el 15 de Octubre de 2018

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En las sociedades del conocimiento el capital intelectual es la principal fuente de desarrollo económico y el bienestar social. En otras palabras, la generación, trasferencia, innovación, enseñanza, uso y apropiación social del conocimiento se vuelven indispensables a la hora de generar condiciones de vida necesarias para que las personas desarrollen su máximo potencial, sean productivas y creativas. A lo anterior se debe que las universidades o institutos de educación superior hayan asumido como tarea sustantiva la gestión de la investigación. Sin embargo ¿Cuáles son las imágenes, opiniones, estereotipos y fantasías de los universitarios respecto a la ciencia, el pensamiento científico y las personas que dedican su vida al cultivo de la investigación?

En innumerables ocasiones he escuchado a mis alumnos universitarios cuestionar, con una actitud pre-reflexiva y pesimista, el valor del pensamiento científico y la investigación. Sin embargo, no es necesario ser un genio para constatar que el pensamiento científico es un requisito para la elaboración de teorías y sus correspondientes aplicaciones. Tampoco se requiere elucubrar demasiado para llegar a la conclusión de que el progreso tecnológico es el resultado directo de la aplicación del pensamiento y el método científico.

Lamentablemente, el pensamiento científico no ha quedado exento de los embates de la cultura posmoderna. Para muestra un botón. Algunos de mis estudiantes universitarios equiparan al científico con el nerd e imaginan la apariencia y el proceder del científico al estilo de los protagonistas ciertas series televisivas (The big bang Theory o Scorpion) es decir, el científico como un tipo apasionado por el ajedrez, la astronomía, la física o las matemáticas, capaz de responder preguntas complejas, amante de los libros, la música clásica y las computadoras pero con escasas habilidades de interacción social. No dudo que exista algún científico cuyas características se ajusten a dicha descripción. Sin embargo, lo que considero especialmente llamativo es que no se incluyen otras notas distintivas para aquél que dedica su vida al cultivo de la ciencia como la intuición creativa o la disciplina intelectual.

Por otra parte, los jóvenes universitarios con los que a diario convivo, sin importar su afiliación institucional, confunden ciencia y tecnología. Peor aún, algunos creen que la segunda es posible sin la primera. Lo cierto es que la tecnología o ciencia aplicada es producto de la ciencia fundamental o teorética cuya finalidad principal es hacer avanzar el conocimiento. La matemática por ejemplo es la ciencia que sirve de fundamento para todos los desarrollos tecnológicos de las ingenierías.

Identifico dos características en el pensamiento científico: rigor y sistematicidad. La ciencia se construye mediante procesos rigurosos y sistemáticos. El método, de acuerdo a sus raíces etimológicas, es un camino y como tal conduce al espíritu inquieto del investigador hacia la consecución de la verdad. Si bien la intuición participa en la construcción de la ciencia no reemplaza la disciplina intelectual. El pensamiento científico discurre con cierto orden y disciplina. Es decir, plantea problemas y preguntas dignas de investigarse, construye respuestas en base al cuerpo de conocimientos existente, utiliza técnicas para recoger datos y contrasta hipótesis a través de diversos mecanismos.

Existe una diferencia radical entre el conocimiento ordinario y el conocimiento científico. El conocimiento ordinario es producto del sentido común mientras el conocimiento de las ciencias es producto de la aplicación del método científico. El conocimiento ordinario aún cuando logre altos niveles de especialización, tal y como sucede en las artes y oficios, no alcanza la categoría de científico.

A propósito de la influencia de la posmodernidad en nuestras vidas, en la actualidad, de un modo ingenuo y descuidado, se acepta como ciencia una serie de creencias y prácticas sospechosas con un potencial de manipulación enorme. Considero por tanto, como sumamente actual poner en tela de juicio el conocimiento existente y someterlo a verificación con la finalidad de lograr un conocimiento más amplio, seguro, tangible y fáctico.

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