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¿Libertad?

Estados Unidos, país en el que la libertad es una utopía desde hace más de 200 años, ilusión lejana a la realidad social y sólo válida en el plano económico.
Fuente: Pixabay

Publicado 28 octubre 2018 el 28 de Octubre de 2018

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El 28 de octubre de 1886 fue inaugurada la Estatua de la Libertad, símbolo de Nueva York e ícono emblemático de los Estados Unidos de Norteamérica. Fue un regalo de Francia para el pueblo norteamericano en conmemoración del centenario de su independencia.

Estados Unidos, país en el que la libertad es una utopía desde hace más de 200 años, ilusión lejana a la realidad social y sólo válida en el plano económico. En 1776 se firma su Declaración de Independencia, en el primer párrafo especifica: Sostenemos como evidentes en sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad’.  Los derechos individuales y naturales humanos se asentaron como hechos jurídicos para proclamar un Estado convirtiéndose en un ejemplo de libertad y justicia, en realidad tuvieron que pasar 87 años para que a través de una trágica guerra civil se aboliera jurídicamente la esclavitud.
Una proclama exigiendo libertad paralelamente conviviendo con la realidad de una vida en esclavitud. Un país que siempre ha navegado con la bandera de la libertad ha actuado sin respeto a este derecho y muchos otros desde su origen con la entrada de miles de migrantes por la Isla Ellis, pasando por la destrucción, aniquilación y sojuzgamiento de sus pueblos originarios para apropiarse de sus tierras hasta la mitad de México, nuestro país, todo esto junto a sus ideales de libertad y democracia.

A partir de su Guerra de Secesión, el sistema capitalista norteamericano se expandió, ya no había esclavitud física pero ahora era laboral y salarial, el comercio y la exportación, el sojuzgamiento de las islas del caribe, de América central y finalmente de toda América latina, lo consolidó. Los movimientos libertarios en la década de 1880, la lucha por la democracia y por el fortalecimiento de las aspiraciones sociales y laborales, desencadenó la represión de miles de mujeres y hombres trabadores e intelectuales, quedando sepultados por los intereses de los dueños de la riqueza.
A principios del siglo XX se acentuó la discriminación y el racismo en los EE.UU. contra la raza negra, especialmente en los estados del norte, al tal grado que empezó una persecución donde se les acusaba de cualquier delito sin pruebas, los golpeaban en plena calle, en algunos casos hasta matarlos; los racistas no podían eliminar sus derechos pues estaban asentados en su constitución, así que optaron por la “segregación”, con una supuesta igualdad de oportunidades pero separados, dando lugar al movimiento encabezado por Luther King. No tenían libertad para ejercer sus derechos civiles básicos.

El racismo en el país del norte siempre ha existido, manifestado en sus ciudadanos de origen anglosajón mayormente contra personas descendientes de asiáticos, africanos, latinoamericanos y contra cualquier migrante, especialmente si profesan otra religión (musulmanes) diferente a la dominante en EE.UU. Términos como “espaldas mojadas”, “chicanos”, “pochos”, “frijolero”, y recientemente “taco”, son usados para referirse despectivamente hacia los mexicanos que viven en aquel país, legal o ilegalmente. El racismo es un atentado en contra de la libertad, limita la vida de quienes lo sufren.

Recordemos las intervenciones practicadas alevosamente con una falsa “justificación”, en la mayoría de los casos sin la sanción de la ONU: Granada 1983, Panamá 1989, Irak 1991, Somalia 1993, Yugoslavia 1995, Afganistán 2001; Pakistán, Yemen y Somalia 2002, Irak 2003 y Libia 2011, por citar algunas, cometiendo los más terribles genocidios, sin respeto a la vida, atentando contra la libertad de vivir en paz y sin miedo.
La bella estatua dirige su mirada hacia Francia, su gesto serio denota el disgusto por representar un ideal que siempre se quebrantó.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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