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La insoportable levedad de la corrupción

Los que votan no deciden nada, los que cuentan los votos deciden todo: Stanlin
La insoportable levedad de la corrupción

Publicado 30 octubre 2018 el 30 de Octubre de 2018

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El Proyecto de Nación 2018-2024, propuesto por Andrés Manuel López Obrador como presidente nacional del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), recogía una nueva visión del país y presentaba panes y propuestas en materia económica, política, social y educativa, cuyo objetivo era “generar políticas públicas que rompieran la inercia de bajo crecimiento económico, incremento de la desigualdad social y pérdida de bienestar para las familias mexicanas”. Como eje rector se envolvió en la bandera del combate a la corrupción y la impunidad, nicho donde anidan los vicios que han marcado a México en los últimos 35 años.

Premisa para aplaudir pero en total oposición a la errática ruta de cancelar el proyecto del NAIM en Texcoco, que transgrede su narrativa oficial, no por el aeropuerto, sino por la manipulación. Las formas son lo que cuestionan los mercados y el peso en picada, sin soslayar los rumores de la fuga de capitales del país.

¿Qué hay detrás de Santa Lucia y la mal llamada consulta? En lo legal transgredieron la norma competente en la materia y en lo político hay un doble discurso al predicar que el estancamiento, el deterioro, la desigualdad y la corrupción, no son los únicos destinos posibles de México, empero, -en sus escasos días de gobierno no oficial-, la conducta de quienes lideran la cuarta transformación hacen pensar en una regresión más que un avance contra la corruptocracia.

–¡Eso ya se terminó!— prosiguió López Obrador al referirse a lo que llamó “contratismo voraz” en un mensaje directo a los inversionistas del NAIM, proyecto iniciado por Enrique Peña Nieto que se celebra, pero no convenció por la presencia de José María Riobóo Martín (autor del plan ganador de la consulta) en la conferencia donde anunció el proyecto que sepultaba a la mega obra de infraestructura de Texcoco, y a quien excusó alegando que -su contratista estrella cuando fue jefe de gobierno- es un fiel colaborador y un técnico de primera.

La motivación de simular una consulta, sin sustento legal ni democrático, sin carácter vinculatorio, etc. es una jugada de tres o más bandas. Si se analiza el supuesto número de votantes (un millón de 86 millones de la lista nominal del INE); y el lugar que pusieron las casillas, se concluye que fue un plebiscito, no una consulta, a su base para legitimar la decisión ya tomada, y en el camino retener a su amotinado capital político. Otra bola que da en el blanco es la de ponerle la bota al cuello a la IP para hacer sentir quien manda, y como cereza , el mensaje a quienes lo dejaron llegar a Palacio y le impusieron un guión.

En enero del 2017, cuando ya se sabía que López Obrador sería el ganador de la contienda, -decisión que venía desde el exterior y muy arriba-, convocó a un grupo de especialistas de diversos sectores. Testificaron que la mayoría de sus integrantes carecía de filiación partidista y representaban a las diferentes corrientes y tendencias del pensamiento político, social y económico de México. Ellos anularon la fatal sentencia sobre México y declararon públicamente- “que era posible rescatar al país de su decadencia actual y construir una nación mejor”. La reciente consulta no valida lo anterior, es más ni siquiera como táctica para tomar decisiones, pero si le pone una soga al cuello de los poderosos que no se “cuadren”.

No se duda de la aspiración de dejar para 2024 “un México justo, democrático, soberano, pacífico y transparente”, lo que preocupa es la dimensión de las radicales medidas y el mensaje de autoritarismo, de incertidumbre jurídica, de simulación democrática que ha dejado la consulta del NAIM, que no se legitima con discursos y golpes a los medios por hacer su trabajo. El que manda es el pueblo sostiene y justifica el mandato de la consulta como ejemplo de democracia, que “expresó la voluntad de los ciudadanos”, aun cuando solo digan que votaron un millón de una población de más por 89.6 millones según la lista nominal (INE).

No hay manera de cambiar un régimen con una varita mágica basada en consultas amañadas, sin representatividad alguna, que exhibió que los vicios continúan y la corrupción solo cambio de manos. Se observó de jueves a domingo, falacias, manipulación de los votos, desorganización y con tal ausencia de controles que se conjetura una clara intencionalidad de repetir lo acostumbrado en sus consultas ciudadanas en el DF, donde solo el 10 por ciento de su propio padrón votó.

Todo cabe en el discurso de la transformación sabiéndolo acomodar en la esperanza de los desvalidos. Un cambio de régimen suele darse por la vía bélica, sea por la conquista de una potencia extranjera, revolución, golpe de estado o la reconstrucción seguida del fracaso de un estado. El cambio de régimen puede reemplazar todas o parte de las instituciones existentes del estado, el aparato administrativo, la burocracia y otros elementos. No obstante el contenido militar del concepto, AMLO pregona que su revolución será pacífica pero, sin decir a que costo y quienes pagarán, que como es usual serán los pobres.

¿Será la justificación a su decisión sobre el NAIM? ¿A qué interés obedecerá ahora el Estado Mexicano? ¿Estamos ante la propagación del régimen Bolivariano Venezolano, cuyo líder vendrá a la toma de protesta pese al repudio de las y los mexicanos? ¿Será la transformación un viraje a la Izquierda radical y falaz latinoamericana que cobra con la derecha? Como reza en su documento fundacional de la nueva república “erradicar la corrupción depende, en gran medida, de la voluntad política y la capacidad de decisión del titular del Ejecutivo y de la autoridad moral de los gobernantes”, hoy nos quedan debiendo.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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