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El perdón

El objetivo de esta entrega es tratar de entender cómo el perdón juega un papel fundamental en nuestras decisiones

Publicado 11 octubre 2018 el 11 de Octubre de 2018

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Antes que nada quiero aclarar dos cosas: en primer lugar soy economista y no psicólogo; segundo, esto lo escribo basado en la experiencia propia.

El objetivo de esta entrega es tratar de entender cómo el perdón juega un papel fundamental en nuestras decisiones cotidianas [además que a título personal necesito repartir un poco de catarsis].

¿Cuándo aplica pedir perdón? ¿Para qué quieres que te perdonen y por qué habrías tú de perdonar? Con esas preguntas voy a tocar fibras sensibles, pero te garantizo que este debate es vital para ti y los tuyos. Por tu salud y la de los que te rodean. Ni más ni menos.

Vayamos por partes para tratar de avanzar en este tema sinuoso. En algunas ocasiones se llega a pedir perdón por adelantado y esa es una señal de alarma muy importante ya que seguramente vendrá una catástrofe emocional. Sin embargo, y por lo general, el perdón se pide cuando hemos cometido una falta, es decir, primero fallamos a algo o a alguien y después pedimos perdón.

Si nuestra falta afectó a segundas o terceras personas y estas nos importan, surge algo llamado remordimiento y eso provoca una necesidad de sabernos disculpados. Si la falta afectó pero las consecuencias nos son indiferentes no hay más por hacer. La falta puede ser grave o no, eso ya no es relevante, pues al haber lastimado se dejó una huella y a través de la disculpa queremos sentirnos mejor nosotros mismos y al mismo tiempo hacer sentir un poco mejor a la parte afectada.

En un mundo normal, de una u otra forma aspiramos a compensar a la víctima y ofrecerle lo mejor de nosotros. Muestras tangibles de arrepentimiento, cambio o renovación, cualquiera que sea el caso. Resulta complicado en ocasiones que nos perdonen y que sea de corazón, con sinceridad.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando nosotros somos los afectados? ¿Cómo reaccionar cuando nos han herido? Esto es aún más difícil. Perdonar es todo un proceso. Ojalá fuera instantáneo y ojalá fuera de tajo. Lamentablemente no lo es. Pasas por muchas emociones antes de poder llegar a la etapa final, desde el enojo y la frustración hasta la decepción y la tristeza, en especial cuando quien te lastimó es alguien a quien considerabas “especial”.

En todo este entramado hay un ingrediente muy venenoso llamado “ego”. El solo mencionarlo hace que todo se revuelva todavía más.

Desde este espacio y con todo mi corazón perdono a todas aquellas personas que en algún momento me han lastimado y asimismo, le pido perdón a todas aquellas personas a las que, sin intención alguna, he lastimado a lo largo de mi vida.

Finalmente, voy a resumir todo lo que pueda yo escribir en una frase que es parte de una canción que se llama justamente “Perdonar” y el cantautor es uno de los más grandes filósofos de la era moderna, Leon Larregui y dice así:

‘Que difícil se me hace perdonar
Aún sabiendo que es la única
Manera de ser libre
Otra vez de estos sentimientos
De esta rabia seca
Que me hace daño
Más simple que ayer
Perdonar perdonar pa’ olvidar
Perdonar perdonar pa’ olvidar.’

Facebook: CarlosRobles
Twitter: @carlosroblesmx

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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