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Con una sola ala

Cuando se establecen patrones de conducta que están orientados a intimidar se hace imperativo aprender un nuevo lenguaje
Leo Buscaglia Foto: Redes

Publicado 17 octubre 2018 el 17 de Octubre de 2018

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Tanto el mundo gubernamental como el empresarial son amenazados por un problema que se nutre y crece en su misma entraña: el trato hostil y la violencia verbal de sus funcionarios. Esta actitud en las altas esferas trasciende y contamina a supervisores, empleados y obreros. Es difícil lograr altos niveles de productividad y de excelencia en un ambiente cargado de agresividad.

Cuando se establecen patrones de conducta que están orientados a intimidar, distanciar, destruir, decepcionar, degradar y devaluar a las personas, se hace imperativo aprender un nuevo lenguaje. Si consideramos que el anhelo de todo ser humano es encontrar la felicidad, ¿por qué no crear en los centros de trabajo ambientes propicios para ello? No sólo se realizaría plenamente el potencial de cada persona, sino que al mejorar la calidad de su trabajo se beneficiaría notablemente la productividad de la empresa.

El doctor Leo Buscaglia, catedrático de la Universidad de Southern, en Los Angeles, California, reconocido autor de varios best-sellers y conferencista de gran prestigio, dedicó muchos años de su vida al área de las relaciones humanas. Su cátedra: ‘Love’ –el desafío de las relaciones humanas- sigue siendo un gran éxito tanto en el campo gubernamental, empresarial, como en el familiar. Afirmaba con vehemencia que había llegado el momento de olvidar nuestros egos mezquinos, de renunciar al temor de parecer sentimentales o ingenuos y de unirnos en nuestra necesidad universal de solidaridad. Preguntaba: ¿por qué resulta tan difícil a los seres humanos decir: “Quiero ayudarte, toma mi mano”, cuando vé a alguien con alguna necesidad? Buscaglia citaba con frecuencia a Luciano de Crezcenzo: “Todos y cada uno de nosotros somos ángeles con una sola ala. Y únicamente podemos volar abrazándonos los unos a los otros”.

En sus famosas cátedras Buscaglia mencionaba una fábula sobre una niña que al caminar por la pradera ve a una mariposa atravesada por una espina. Con sumo cuidado la libera y la mariposa se aleja volando, para después regresar convertida en un hada deslumbrante que la abraza suavemente mientras susurra en su oído un secreto.

A medida que la niña crecía, nadie era más feliz que ella. Todo mundo quería saber qué le había dicho el hada. Cuando llegó a la ancianidad, los vecinos temían que el fabuloso secreto se fuese con ella a la tumba. “Revélanos, por favor, lo que te dijo el hada para ser feliz.” La encantadora anciana sonriendo respondió: “Me dijo que todos, no importa lo seguros que pareciesen, todos tenían necesidad de mí”.

Los seres humanos nos necesitamos mutuamente. Pero, ¿cómo saber las necesidades de cada quién? Los innumerables estudios, encuestas y talleres conducidos por Buscaglia comprueban que el mayor obstáculo para las relaciones humanas es la comunicación defectuosa. Cita a Hadley Read: “Hemos desarrollado sistemas de comunicación tan sofisticados que permiten que desde la Tierra, el hombre hable con el hombre en la Luna. Sin embargo, a menudo una madre no puede hablar con su hija, un padre con su hijo, o la clase obrera con la gerencia”.

Buscaglia encontró fórmulas sencillas para lograr una sana y verdadera comunicación entre las personas: el arte de hablar unos con otros. El decir con respeto y claridad, el escuchar con precisión, sin ideas preconcebidas. El ponerse en los zapatos del otro. Esto implica desarrollar cierto grado de compromiso, profundidad y amistad. La incapacidad de trabajar en armonía es responsable de la mayor ansiedad, aislamiento, e incluso, de severas enfermedades psicosomáticas. La disarmonía roba la buena voluntad para satisfacer las sutiles y complejas exigencias de toda relación humana.

El mayor reto de nuestro México es encontrar nuevos patrones de relación, fórmulas sencillas conducentes al crecimiento, a la coexistencia pacífica en la que se pueda vivir un verdadero espíritu de equipo. El bien puede llegar a ser una fuerza irresistible.

Cualquier cosa que se aprende, inclusive la violencia, se puede desaprender. El ser humano jamás pierde la capacidad de renovar sus sistemas de pensamiento. En este proceso, llamado ‘cambio’, se encuentra la esperanza de nuestra patria.

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