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Buscando el cambio: Áreas y especies protegidas

Áreas Naturales Protegidas; aquellas zonas que no han sido alteradas por el hombre, y mantienen el equilibrio de los procesos biológicos de la naturaleza.

Publicado 14 octubre 2018 el 14 de Octubre de 2018

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El impacto ambiental que generan las actividades humanas no es un tema novedoso, durante décadas se ha hablado de cómo los habitantes del planeta contribuimos día con día a dañar nuestro planeta. Las películas distópicas de Hollywood han intentado por mucho tiempo hacer conciencia en nuestras mentes para que comprendamos lo que podemos causar.

Sin embargo, es hasta hace muy poco y con el impulso, masividad e inmediatez de las redes sociales que hemos comenzado a reconocer en carne propia los terribles resultados de nuestras actividades cotidianas y malos hábitos, los cuales se traducen en afectaciones, las cuales pueden ser de carácter físico, químico, biológico, económico o incluso social y cultural y  que repercuten directamente en el medio ambiente.

Estas perturbaciones no hacen más que descompensar el círculo evolutivo de la naturaleza, además de atentar contra los ecosistemas terrestres, marinos y la flora y fauna que los componen.

La prueba innegable de la diversidad del planeta son los ecosistemas, pues en ellos se refleja la variedad de paisajes, que combinados con las formas de vida propias de esa extensión territorial,  forman un conjunto de elementos únicos e irrepetibles. Estos se clasifican de acuerdo a las variaciones climáticas, biológicas y orográficas (elevación), que presentan. Actualmente, podemos encontrar ecosistemas marinos, de agua dulce, desérticos, montañosos, forestales y artificiales.

Según un estudio realizado por  La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el ecosistema marino se encuentra en la lista de ecosistemas en peligro de extinción, pues sitios como el Mar de Aral, los Humedales de la cuenca del río Murray (en Australia) y los Arrecifes de coral en el Caribe; estos han sido víctimas de la sobreexplotación humana del suministro hídrico, acabando tanto con la vegetación como con su capacidad.

Se ha comprobado que los ecosistemas no solo contribuyen en el desarrollo biológico de los seres humanos, también en el social, pues han influido radicalmente en las dinámicas de interacción de las culturas y civilizaciones: en la acogida de hábitos e ideologías, y también la manera con la que establecieron formas de gobierno.

Y ahora que es de total y profundo conocimiento del hombre la importancia de estos espacios ricos en flora y fauna, ¿cómo revertir el daño que se les ha provocado? Lamentablemente, revertir es imposible, pero existen acciones que contribuyen a la protección y mejora de los ecosistemas ya dañados; estas son implementadas por grupos ecologistas y secundadas por los gobiernos, que se han dado cuenta del gran impacto que el mal uso de estos recursos tiene en la sociedad.

 

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Áreas naturales protegidas

La creciente evidencia de contaminación local y global, junto con un público cada vez más informado, han impulsado el desarrollo del movimiento ecologista, el cual tiene como propósito proteger el medio ambiente y disminuir el impacto negativo de los humanos en la naturaleza. Desde la contaminación atmosférica, hasta la hídrica, algo es seguro, el medio ambiente necesita ser preservado a toda costa.

Es tanto el peligro que se corre, que el gobierno se ha preocupado por cuidar aquellas zonas (acuáticas o terrestres) que no han sido alteradas por el hombre, y mantienen el equilibrio de los procesos biológicos de la naturaleza. A estos espacios se les denomina: Áreas Naturales Protegidas.

Dichas áreas se encuentran reguladas bajo la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LGEEPA),  en donde se externa el interés por proteger, conservar, restaurar y promover su desarrollo para el futuro.

El desarrollo orgánico de estas áreas, se lleva a cabo por medio de la investigación y estudio de los ecosistemas, con la finalidad de promover al resto de los individuos el conocimiento de las especies que ahí se encuentran, así como de las prácticas que permiten su aprovechamiento de forma sostenible.

En la categoría de ANP se encuentran: reservas de la biósfera; parques nacionales; monumentos naturales; áreas de protección de recursos naturales; áreas de protección de flora y fauna, santuarios naturales, parques estatales y aquellos espacios que sean designados por las legislaciones locales.

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México en acción

En México, existe el Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas (SINAP) que se encarga de monitorear y resguardar áreas con una biodiversidad y características ecológicas de una especial relevancia en el país, y así desarrollar una serie de iniciativas a favor de la conservación de la biodiversidad.

Actualmente, México ha alcanzado un total de 182 Áreas Naturales Protegidas que sumadas cubren alrededor de 91 millones de hectáreas, casi 70 millones en zonas marinas y 21 millones en zonas terrestres.

La Reserva de la Biósfera Janos en Chihuahua, la cual contiene un alto grado de endemismos y diversidad de flora y fauna silvestre, el Monumento Natural Río Bravo del Norte y a Reserva de la Biosfera Volcán Tacaná, en Chiapas y la Reserva de la Biosfera Archipiélago de Revillagigedo son algunas de las áreas cobijadas por SINAP.

No es de sorprenderse que la mayoría de zonas protegidas en territorio mexicano sean marinas, pues al ser un país con actividades de esta índole (comercio y transporte), se busca mantener estos espacios tan resguardados como sea posible, pues su extinción podría tener efectos en otros ámbitos: políticos y económicos.

Durante la Cumbre Mundial del Océano (CMO) 2018, se externó el compromiso que el gobierno tiene con la ciudadanía de mantener en buenas condiciones los ecosistemas que se encuentran en su extensión territorial, es por ello que en los últimos cinco años se han decretado seis ANP y cinco zonas de salvaguarda, que equivalen a poco más de 65 millones de hectáreas, casi el triple del territorio que estaba protegido al inicio de este sexenio.

 

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