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Nostalgia de un Cinéfilo

Mi experiencia en el cine (primera parte).

Publicado 10 septiembre 2018 el 10 de Septiembre de 2018

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Primero que nada me voy a presentar. Soy Mario Eduardo Durán Ramírez, autor de este espacio llamado Cinéfilos”, y esta es la primera de dos entregas que haré de manera distinta a las críticas de cine que aquí encuentran. Cumplí 35 años de edad y desde que tengo uso de razón soy fan del cine.

La nostalgia siempre es parte de nuestra vida, más por aquellos hechos que en su momento representaron algo y nos dejaron marcados. ¿A quién no le gusta el cine? Yo creo que de alguna manera todos compartimos este gusto, el cual nos permite transportarnos a otro mundo en el que conocemos otras vidas, acto que nos hace olvidar por completo un día de estrés dentro de la vida diaria.

En mi pequeña familia siempre se acostumbró rentar películas en el Video Club más cercano; pasados 1983, año en el que nací, vivíamos la existencia gracias a aquellos sitios que se encontraban disponibles, VIDEOVISA y VIDEOCENTRO, en donde tenías que llegar a buena hora del día para encontrar la única copia en formato Beta, que más adelante se convirtió en VHS, de los éxitos del momento, claro, tratando de no encontrarte con el desafiante letrero que decía, escrito a mano, “Rentada”, lo que te obligaba a tener que esperar porque la persona que la ganara la regresara; de esos lugares tengo muy buenos recuerdos, ya que gracias a ellos pude ver inolvidables cintas como “EL GUARDAESPALDAS” con Kevin Costner y Whitney Houston, “VOLVER AL FUTURO”, “ROBOCOP”, “LAS BRUJAS” y clásicos de terror, que a escondidas disfruté (porque mi familia no me lo permitía): “EL RESPLANDOR”, “CARRIE”, “CHUCKY” y más, género que con el paso del tiempo se convirtió en mi favorito; los años transcurrieron y ante la desaparición de los antes mencionados, llegó en 1991 BLOCKBUSTER, motivo por el que Televisa, a manera de respuesta, instaló los denominados MACRO VIDEOCENTRO, con el fin de dar una competencia digna en la que la novedad era la gran cantidad de copias disponibles de todas las películas que podías llevarte a tu casa con todo y su caja de presentación, siendo mi primera renta “TERMINATOR: EL JUICIO FINAL”; como sabemos el pasado 2016, Blockbuster, que era el único sobreviviente, finalmente quedó extinto, ya que sus dueños no quisieron asociarse con NETFLIX, empresa que hoy tiene el poder.

Pero el tema al que quiero llegar no va por ahí; si bien mi eterno hablar siempre ha sido sobre el cine, la nostalgia se hizo presente por la emoción de comprar un boleto y entrar a una sala, con pantalla grande, siendo algo que jamás podré cambiar; vaya, he llegado a aprender a administrar mi dinero para que me rinda, buscando tener cada semana el suficiente para disfrutar todos aquellos estrenos que hacen su arribo a la cartelera, claro, después de una ardua investigación de fechas, ya que en mi lugar de origen, el Puerto de Veracruz, no todas ven la luz y es donde inicia la búsqueda en lo que ahora conocemos como un amplio mundo de información disponible y a nuestro alcance, INTERNET.

Pero aquí es donde entró mi recuerdo del ayer, en especial por el precio que uno paga actualmente por entrar al cine, el cual no se compara a aquellos tiempos de mi infancia en los que existía la permanencia voluntaria, en donde sí se hacía valido el 2×1, en donde un boleto costaba una cantidad que hoy se consideraría ridícula; no hablemos de ese tedioso intermedio entre las cintas, ahora extinto, era el momento perfecto para salir corriendo al baño o volver a llenar tu bote de palomitas. Pero ahí estaba yo, iniciándome en este universo cortesía la primera película que mi papá me llevó a ver en 1989, a los 6 años de edad, “LA SIRENITA” y desde esa fecha hasta la actual, he ido viendo cómo poco a poco fueron desapareciendo aquellas salas; no tendrían la tecnología y comodidades con las que se cuenta actualmente, ese olor a lugar cerrado, impregnado con un poco de humedad, con la fusión del olor a palomitas, algo muy difícil de describir, y es que la tecnología de hoy y la comodidad a veces me hace extrañarlo como nunca. En aquel año me asusté al ingresar a la sala y ser parte de la oscuridad, pero el CINE VERACRUZ, que se encontraba ubicado en la avenida Díaz Mirón, era el encargado de proyectar esa cinta de Disney que me cautivó, de la que hoy me sé todas las canciones y que fue parteaguas de lo que considero mi mayor vicio. Mi recorrido siguió en esas mismas salas cuando se estrenó la trilogía de “LAS TORTUGAS NINJA”, que terminó siendo mi abuelo el que me llevara a verlas, y saliendo me comprara mi colección de juguetes, de las que, al considerarme un niño grande, me deshice de ellas con el paso del tiempo, y me arrepiento.

Visité más cines como el de la calle Arista, PLAZA CINEMA, donde disfruté “La Bella y La Bestia”, otro clásico de la casa del ratón en 1991, además de la que tal vez era para adultos en su momento “TIMECOP: POLICÍA DEL FUTURO”, con Jean-Claude Van Damme, todas cortesía mi tía que hasta hoy sigue siendo fanática del cine.

Y regresando a la avenida Díaz Mirón, estaba el cine AGUSTÍN LARA y TOÑA LA NEGRA, los cuales hacían gala de sus enormes salas, con sus pósters pegados en los ventanales que reflejaban los estrenos y el tiempo que quedaba en su proyección con letreros clásicos como “última semana” y era cuando debías correr por ver las cintas que en su tiempo pasaba demasiado para que pudieras disfrutarlas en formato casero, como los ahora extintos BETA y VHS (de los que conservo varios de ellos en mi colección personal); en el Agustín Lara me tocó ver varias películas de Disney, “POCAHONTAS” en 1995, sentado en las escaleras al tratarse de su último día de proyección y de la que había llegado con varios integrantes de mi familia desde la primera función, logrando entrar hasta la tercera debido a la gran cantidad de gente que hacía fila; también vi “GODZILLA”, un clásico de 1998 que es imperdible para todos los de mi generación, pero ahí mismo, más pequeño, “CUESTIÓN DE HONOR” con Tom Cruise, Demi Moore y Jack Nicholson, la cual fue la primera cinta en la que oficialmente me dormí en 1992, cuando apenas tenía 9 años y mi tía, de quien yo era su fiel acompañante, no contaba con que estaba muy chico para una película tan aburrida; del cine Toña la Negra solo tengo el recuerdo de que todas las cintas que pasaban de su semana de estreno eran llevadas ahí, indicando que estaban próximas a salir de cartelera, pero “ABRACADABRA”, “JÓVENES BRUJAS” y “SONÁMBULOS” son aquellas que jamás olvidaré.

CONTINUARÁ…

Mario E. Durán es fan del cine desde antes de nacer, no hay estreno que se pierda. Puedes seguir más de su trabajo, noticias y reseñas en CinéfilosMD

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