El Dictamen

CINÉFILOS

LA BUENA ESPOSA

El papel que la mujer juega dentro de la sociedad siempre ha sido complicado; en muchas ocasiones no han podido destacar o no han tomado la decisión correcta en cuanto a profesión o estilo de vida por culpa de un mundo machista que gobierna. Algo es muy cierto: las mujeres son más fuertes, soportan más dolor, saben solucionar los problemas y de un tiempo para acá han alzado la voz para demostrar que son capaces de realizar las mismas actividades que un hombre, porque aquí todos tenemos los mismos derechos, aquellos que nos encaminan a ser las personas que queremos no importando el sexo.

Pero desgraciadamente, si nos enfocamos en la literatura, en otros tiempos las mujeres que tenían el gusto por la escritura no lograban culminar su sueño de ver sus textos impresos, disponibles para que los lectores hicieran de sus historias algo muy personal y que los acompañe en sus días, motivándolas a vivir en el anonimato lejos de brillar como se lo merecen, todo por ser un talento femenino.

Hablar hoy en día de Glenn Close es sinónimo de una interpretación extraordinaria, fascinante y de calidad, porque a ella los papeles fuertes y empoderados le quedan a la perfección, y en “La Buena Esposa” nos presenta a Joan Castleman, una mujer de belleza madura y natural, la que muchos hombres podrían considerar como la mujer perfecta, porque cumple con todo lo que el estándar indica, buena compañera, silenciosa, que apoya en todo al hombre que tiene a su lado y que busca el bienestar para todos, aquí en especial su pequeña familia. Pero lo cierto es que lleva cuarenta años sacrificando sus sueños y ambiciones para mantener viva la llama de su matrimonio con su marido, Joe Castleman (Jonathan Pryce), un ser que la engaña, que siempre ha tenido una pasión por las mujeres más jóvenes y que no le da el lugar que merece. Pero Joan ha llegado a su límite, algo no encaja en su vida y siente como las piezas van tomando otro rumbo al querer y sentir la necesidad de dar un alto a todo. En vísperas de la entrega del Premio Nobel de Literatura que ha ganado Joe, Joan decide desvelar su secreto mejor guardado, y es que con solo su mirada y su silencio, sabemos que su paciencia se terminó y la química que refleja en Pryce es el ejemplo vivo de amor puro hacia un hombre, aquel que apareció en su vida y del que ella no se pudo desprender, sin saber que con ello vendría el talento que permanecería oculto para el mundo entero.

La cinta dirigida por Björn Runge es elegante, maneja una ambientación en la que pese a tener diversos lugares perfectos, estos se sienten incómodos ante la situación que vivimos al lado de la protagonista, quien como es de esperarse estalla; eso sí, pese a que tenemos un duelo de actuaciones destacadas y la trama nos hace viajar de la felicidad al celo profesional, ésta desde los primeros minutos tiende a ser predecible, pero no por ello deja de ser efectivo este drama en el que además tenemos la participación de un insistente y por momentos fastidioso Shristian Slater, que interpreta a un periodista que tiene el deseo de escribir un libro sobre la vida del ahora ganador del Premio Nobel (y del que descubre el verdadero secreto), y Max Irons, como el hijo de este matrimonio “perfecto” para la sociedad y que se siente dolido ante el misterio que le fue ocultado, siendo el encargado de hilar los cabos sueltos que nos presentan a nosotros como flashbacks, situación que también nos va revelando la historia de estos dos enamorados conforma avanza la trama.

Las mujeres no deben ser sumisas, deben tener la fuerza para luchar por sus sueños, y aunque el amor esté de por medio, esto no amerita que se conviertan en mejores o peores personas, por el contrario, saben amar, saben compartir y saben respetar al hombre que tienen a su lado, algo que ellas también merecen.

Mario E. Durán es fan del cine desde antes de nacer, no hay estreno que se pierda. Puedes seguir más de su trabajo, noticias y reseñas en CinéfilosMD

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