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Los de arriba y los de abajo

Mi cinismo consuetudinario me obliga a desplegar algunas reflexiones
La corrupción no distingue colores

Publicado 06 septiembre 2018 el 06 de Septiembre de 2018

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Este tema de la corrupción que está tan de moda en el continente americano me da mucho de pensar, dado que mis años de trabajo y reflexión en diversas naciones de este lado, me obliga a estudiar la letra chica de las acciones que, en forma rimbombante, los gobiernos de entrada proponen resolver este cáncer adentrado en las entrañas de los negocios, acciones gubernamentales, enriquecimientos injustificados e ilícitos, así como en la impunidad de aquellos que, insertados en las esferas del poder, lo hacen a vista y paciencia de la ciudadanía.

Mi cinismo consuetudinario me obliga a desplegar algunas reflexiones que, desafortunadamente, me lleva a un triste destino: está muy difícil el problema y mucha suerte en tratar de resolverlo, si es que, mis dudas nacen de la realidad de que el problema de la corrupción está en dos vertientes; los de arriba y los de abajo. Muchos años atrás, cuando expliqué a mis colegas de que iba a trabajar en México, inmediatamente me dieron dos consejos no solicitados. El primero, cuidado con el agua y los alimentos no higienizados (ya saben, la maldición de Moctezuma), y segundo, la famosa mordida de la policía. La conversación seguía con otros consejos que hilvanaban con los mencionados; no viajes en autos caros desde la frontera americana hasta la ciudad de México, puesto que nunca vas a saber si vas a llegar en bus, puesto que perdiste tu carro, o con los bolsillos más livianos por las “cuotas federales” a pagar.

Posteriormente supe que, hasta los mecanismos de participación y defensa de los trabajadores al servicio
de las organizaciones del Estado, eran fuente de enriquecimiento ilícito sancionado y posiblemente perdonado por los líderes nacionales. Estos ejemplos prendían la mecha de la corrupción mexicana, creando la imagen de que eso era todo. No coloco otros ejemplos puesto que mis lectores ya pueden agregar más a la lista.
Lo que con los años y experiencias aprendí era que esto es la corrupción de los de abajo. Es decir, de aquellos que, sin tener acceso a los corredores del poder, se encuentran en la parte más baja del gallinero gubernamental o burocrático y aprovechan las brechas abiertas para poder repartirse las migas que han quedado en el camino, así como de compartir con los superiores inmediatos, tales ganancias. Un esquema Ponzi a nivel gubernamental.

Los de arriba son mucho más sofisticados y bien conectados a las esferas financieras, productivas y sociales. Desde grandes contratos de infraestructura nacional comprados a través de favores financieros a los individuos en el poder o a las organizaciones políticas que amparan tales procesos de toma de decisiones, hasta los favores a grupos financieros para adquirir, concentrar y aumentar su potencial de ganancias, cuando se llega al precio, así como el conocimiento anticipado de inversiones, compraventa y movimientos bursátiles, son mecanismos en el cual el conocimiento y el know-how al servicio del enriquecimiento velado y no declarado, componen la corrupción de los de arriba.

Tal vez sea más sencillo disminuir la corrupción de los de abajo; al fin y al cabo, estos son empleados con pocas alternativas de protección y sus acciones están a la vista de todos. El problema es de los de arriba; es decir cuando las costumbres de alto vuelo financiero se entrecortan con proyectos nacionales y alianzas políticas de costo alto. Las acciones que se han descrito para combatir este flagelo en México suenan bien, pero como dijo el campesino; del dicho al hecho hay mucho trecho.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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