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Las urgencias de Cuitláhuac

Veracruz es una entidad acostumbrada a convivir con gobernadores creyentes de que la verdad absoluta emana de su boca
Cuitláhuac García Jiménez, gobernador electo de Veracruz. Foto: Alina Krauss.

Publicado 13 septiembre 2018 el 13 de Septiembre de 2018

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Cuitláhuac García parece un buen sujeto, un tipo honesto con un donaire de sencillez que lo vuelve cercano para el ciudadano común. El próximo gobernador, al menos por imagen, se posiciona como aquel que puede romper el molde de los mandatarios, proclives al falogocentrismo.

Lo dicho resulta relevante para una entidad acostumbrada a convivir con gobernadores creyentes de que la verdad absoluta emana de su boca. Bajo ese modelo ficticio de hacer gobierno es que se realizaron las peores tropelías en contra de la sociedad veracruzana.

El problema para Cuitláhuac es que el perfil bonachón y abierto no basta para gobernar, no resulta suficiente para ejercer autoridad de estado. A menos de tres meses para que tome posesión, a propios y extraños preocupa la ausencia de propuestas, la falta de una agenda propia y de oferta de sus primeras políticas públicas a implementar.

García limita su tiempo a aparecer en sociedad y a alcanzar acuerdos con los diferentes grupos del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) para elegir a los que le acompañarán en el gabinete. Tal vez por ello cada nombramiento lo hace frente a los medios en actos independientes, otorgándoles una importancia inexistente entre la población.

En ocasiones parece que gasta el tiempo para apurar el momento de tomar posesión y no verse obligado a estructurar mensajes contundentes. En medio de esto hay un tufo de improvisación que el gobernador electo no debe permitirse. En juego está nada más que la estabilidad Veracruz, que, sobra decir, pende de un hilo.

El estado convive con un gobierno donde no existe el equilibrio de poderes y sí un autoritarismo y una clara violencia política, aderezada de un revanchismo constante. Se hace lo que el mandatario en funciones dicta, sin importar más nada, sin que medie una política pública, un estudio… algo serio, vamos.

Y antes estuvo Javier Duarte, para quien cualquier adjetivo queda pequeño.

En suma, Veracruz tiene ya ocho años en las sombras, ávido de un gobierno contundente, profesionalizado, donde no sólo haya honestidad o buenondismo, sino un plan específico, políticas públicas medibles y un ejercicio de poder con altura de miras, acorde a la historia de una tierra cerca a celebrar sus primeros 500 años.

García debe asumir su rol y actuar en consecuencia. Ya no es candidato, ahora es el gobernador electo y las esperanzas de millones recaen sobre él.

Y esos millones necesitan certidumbre de que el gobierno que viene brindará las condiciones para que Veracruz dé el salto que requiere social y políticamente. Agenda clara, profesionalización y cero improvisación están entre los deberes urgentes para el próximo mandatario.

Nadie dijo que sería fácil.

@cmtovar / [email protected]

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