El Dictamen

La Costumbre del Poder: AMLO vs AMLO

Santo que no es visto no es adorado. En política en México se logra al respirar la presencia constante en los medios, el contacto con la sociedad, el mensaje siempre presente, para que los gobernados presientan la mirada del líder sobre los sucesos que modifican el ritmo de vida de la nación, el hálito de la patria, el oficio del poder.

Pero ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre. Supongo, porque no soy especialista en imagen, que a fuerza de estar ocurre lo que a las esculturas representativas del culto católico: al tanto tocarlas, sobarlas, besarlas, sentirlas, se desgastan, por más duro que sea el metal, por más recia y resistente que sea la fe. Si no hay <<milagro>>, cambio, transformación, renovación de votos e inicio del cumplimiento de las promesas ofertadas, el encanto se rompe, se quiebra, y la adoración se torna en rechazo.

Pienso que los ateos pasaron las de Caín, y por algo irrecuperable e incomprensible la humanidad se rebela contra ella misma y decide ejecutar a su hermano, pues termina por percibirse como diferente, aunque son hijos del mismo padre y fueron creados a semejanza del mismo Dios. El rompimiento conduce al crimen, muchas veces sin necesidad de llegar a la violencia y la muerte, aunque sí con actos que hacen patente su negación.

También decía mi abuela: de lo bueno poco. No es necesario prodigarse, lo que se requiere es ser efectivo, que el cambio, el milagro, la regeneración nacional se sienta, se palpe, se viva y alumbre así a la IV República, esa que pondrá a México en el lugar ofrecido por Carlos Salinas de Gortari y a la que resulta un sueño lejano llegar.

Me pregunto cómo percibe AMLO su función sanadora a través del ejercicio del poder, si ha permitido que lleguen a su entorno figuras que, como en todo quehacer político, parecen sumar pero restan, lesionan, empequeñecen, y terminarán por impulsar esa disminución de una presencia que no puede ni debe menguar, pero que de tanto brillar corre el riesgo de hacer implosión. Tanto sumar resta. Es preciso dejar que las sectas crezcan y proliferen para que la verdadera fe brille, el auténtico culto prevalezca sobre los menores. Diálogo y acercamiento sí, fraternidad no, pues no nos referimos a una religión, sino al oficio de ser presidente de México, al ordenamiento político para que la sociedad recupere la confianza en sus instituciones, nuevas o renovadas gracias a la reforma del Estado, y no a más de lo mismo.

Están vivas las posibilidades y opciones para reconstruir a la nación, que pasan a través de la reforma de la institución presidencial, no entenderlo así equivale a negarse y a negarnos un futuro ajeno a las consecuencias de la globalización y del TLC. Libre comercio, sí, pero sentido de permanencia e idea de patria también. No podemos aislarnos, pero tampoco podemos permitir que la nación se diluya, se disuelva y sólo queda convertida en una página de la historia.

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