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¡Hasta el infinito y más allá!

En este caso no sólo se confiesa el amor sino que también se tiene necesidad de preguntar
Foto: Agencias

Publicado 03 septiembre 2018 el 03 de Septiembre de 2018

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Es vital para los enamorados confesarse su amor a cada instante. No basta con decirlo de una vez y para siempre sino que el alma necesita escuchar la confesión de amor, actualizar la confesión de amor, gozar la confesión de amor todas las veces que sea posible.

En este caso no sólo se confiesa el amor sino que también se tiene necesidad de preguntar cuánto se nos ama. Aunque regularmente se confiesa el amor incluso sin que nos pregunten, llega a plantearse directamente la pregunta.

Las respuestas son originales y del todo sorprendentes, inquietantes y deslumbrantes pues se responde con inspiración, con la afectación propia de los sentimientos, ante la imposibilidad de contener en el alma esta emoción. Se responde con la elegancia de un poeta en este caso no asistido por las musas y la versatilidad de la pluma sino por la tendencia connatural a lo noble, a lo bueno, a lo verdadero, a lo bello y a lo trascendente que hay en el corazón del hombre.

Entre las respuestas singulares se suele decir al ser querido: “te quiero de aquí a la luna”. Pero como la distancia de aquí a la luna está plenamente calculada se requiere de expresiones que no tengan límite. Aun así no ha perdido vigencia esta forma de confesar el amor ya que en el fondo de esta expresión se mantiene firme la idea de la profundidad con la que se ama a alguien.

Sin embargo, cada vez se escuchan más expresiones que buscan mayor alcance y profundidad. Influidos un poco por las expresiones de los niños en estos tiempos se llega a decir: “hasta el infinito y más allá”. Parece que se trata de una expresión insuperable. Aunque nos resulte cursi, cada quien tiene una forma peculiar de decir a los demás cuánto los ama. Pero no se trata simplemente de cursilerías y romanticismos sino de cómo el espíritu, cuando se trata del amor, nos empuja a lo más noble, bueno, verdadero, bello y trascendente de esta vida.

También Jesús contestó esta pregunta, igual que nosotros, cuando no siempre le preguntaban. Nos puede parecer que después de la expresión de los niños nadie podría superar el alcance, la superioridad y profundidad de esa respuesta. Pero la respuesta de Jesús trasciende todo lo que hemos escuchado incluso con pretensión de ser insuperable y se convierte para nosotros en la meta que debemos alcanzar.

Dios de hecho ha respondido a la humanidad de muchas maneras y no sólo con palabras, aun cuando no siempre se le haya preguntado sobre cuánto ama al hombre. Hay muchos episodios que guardan la frescura, la limpieza, la profundidad y la actualidad del amor de Dios que nos responde desde la entrega de su propio Hijo.

Aunque nos parezca que la respuesta de los niños es insuperable podemos considerar algunas respuestas de Dios en el Antiguo Testamento. En Isaías 66,12-13 Dios se compara no sólo con una madre sino con el momento de mayor ternura que existe en la relación materno-filial, cuando la madre estrecha a su niño recién nacido.

Y en Isaías 49,15 se plantea todavía más la grandeza y pureza de este amor, imaginando el imposible que una madre reniegue de su hijo. Aunque eso sucediera y una madre se olvidara de su hijo, “Yo nunca me olvidaré de ti”, dice el Señor. Santa Teresita refiriéndose a este texto afirma: “Ante un lenguaje como éste sólo cabe callar y llorar de agradecimiento y de amor”.

Por su parte, en el Nuevo Testamento la respuesta de Jesús es trascendente e inabarcable al grado de llegar a decir: “Como el Padre me ama así los amo yo. Permanezcan en mi amor”. Aquí es donde encuentro que la respuesta de Jesús supera incluso la expresión de los niños, ya que el Padre del cielo es el creador del infinito.

Dice Jesús, “Como el Padre me ama así los amo yo…” Una respuesta sensacional y determinante no por el ingenio de la expresión sino por toda la densidad y significado que encierra. Un Dios que nos ama incondicional y eternamente, que nos ama a pesar de que nosotros no lo amemos hasta el infinito y más allá.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de El Dictamen.

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