El Dictamen

Empleabilidad profesional: Una asignatura pendiente

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (2017), la tasa de desempleo para personas con estudios de educación superior es equivalente al 6.6% (licenciatura y posgrado). Una de las más altas entre los países que integran dicho organismo.

En nuestro país las Instituciones de Educación Superior han realizado esfuerzos “titánicos” para responder a la demanda de profesionales calificados. Sin embargo, las empresas parecen estar más interesadas en la contratación de trabajadores menos calificados pues según diversos indicadores: 1) Los mexicanos que cuentan con una licenciatura tienen las mismas posibilidades de contratación y remuneración que aquellos que sólo finalizaron la educación media (preparatoria o bachillerato); 2) los licenciados cuentan con una tasa de desempleo cercana al 9.8% mientras que quienes cuentan con estudios de educación media tienen una tasa de 8.7% (según la Secretaría del Trabajo y Previsión Social); 3) entre los mexicanos con posgrado (maestría y doctorado) las tasas de desempleo muestran un incremento alarmante.

Está claro que el universitario durante sus estudios debe adquirir un conjunto de aptitudes y actitudes que le permitan conseguir y conservar un empleo. La competencia universitaria de la empleabilidad puede entenderse como la posesión de las aptitudes requeridas por los empleadores; la capacidad para adaptarse a la oferta de empleo; la probabilidad de obtener un trabajo; la habilidad para mantenerlo y, en caso necesario, ser capaz de moverse dentro del mercado laboral.

Pese a los esfuerzos realizados por las Instituciones de Educación Superior, hay indicadores que muestran que sólo existe una correspondencia parcial entre la demanda de profesionales de parte de las empresas y el tipo de egresados universitarios. En otras palabras, a las universidades les ha hecho falta suficiente estudio de mercado e inteligencia prospectiva al momento de planificar su oferta educativa, sea manteniendo las carreras ya existentes o diseñando y ofertando otras, evitando convencionalismos y modas.

No dudo que los egresados universitarios durante sus estudios consigan desarrollar las competencias disciplinares esperadas pero, sin duda, éstas se consolidan conforme se practican hasta convertirse en destrezas y en un estilo de vida.

Considero absurdo que algunas empresas incluyan en sus convocatorias de empleo para recién egresados la experiencia previa. Para hacerse de experiencia el egresado universitario requiere de una primera oportunidad laboral que junto con las prácticas profesionales hagan posible una inserción exitosa.

Por otra parte, también considero como inconsistentes la larga serie de requisitos que los interesados deben cubrir en relación a los sueldos ofertados. Por supuesto que a cualquier empresario le gustaría disponer de los servicios de un profesional con seis años de experiencia, políglota, tres medallas olímpicas, excelente presentación, auto propio y disponibilidad absoluta a cambio de tres pesos mensuales.

En base a lo anterior, la empleabilidad profesional para las Instituciones de Educación Superior y empresas continúa siendo una asignatura pendiente.

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